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Palmeras salvajes

Cuántos silbidos cuesta una final

La democracia consiste en soportar, la dictadura en imponer. Y lo que nos faltaba es que tenga que imponerse, además, el pensamiento y gusto del señor Tebas

Las declaraciones de Javier Tebas acerca de implantar un 155 durante la final de la Copa del Rey son producto de mezclar el deporte más seguido del país con la ideología más residual. La pregunta es: cuántos. Cuántos aficionados tienen que silbar el himno español para que el partido se suspenda. O mejor dicho: cuántos tienen que ofenderse. Porque últimamente la gravedad del supuesto delito depende no de lo que haga el presunto delincuente, sino de lo que sienta la presunta víctima. Es decir, se nos ha convencido de que aquello que no nos gusta no tenemos por qué aguantarlo y tiene que desaparecer de nuestra vista. Algo más: tenemos derecho a vivir en un mundo en el que todo lo que veamos sea de nuestro agrado. Eso siempre ha sido el origen del totalitarismo por una razón: la democracia consiste en soportar, la dictadura en imponer. Y lo que nos faltaba es que tenga que imponerse, además, el pensamiento y gusto del señor Tebas.

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