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Alejandro Magno

La momia de Alejandro ha tenido mucho trajín. Fue visitada durante 700 años sin parar. Acudían turistas y peregrinos para rendirle homenaje entre los años 323 a.C. al 400 de nuestra era. Sabemos que la visitaron Julio César y Octavio Augusto, y que éste le colocó una corona de oro a la momia del conquistador y de paso le rompió la nariz accidentalmente al besarla

Calígula fue más osado y le quitó la coraza para ponerle la suya de menor calidad. En el siglo V se pierde su pista. La tumba o "soma" algunos dicen que fue fundida para aprovechar el oro y otros dicen que estaría bajo la cripta de la actual mezquita de Nabi Daniel en Alejandría, construida a finales del siglo XVIII en el emplazamiento de un templo romano del siglo IV, pero nada se ha encontrado que se parezca a una tumba, salvo una habitación vacía que en el pasado pudo haber contenido un adoratorio.

El libro 'Alejandro Magno. El destino final de un héroe', de Nicholas J. Saunders, profesor de antropología del University College de Londres, documenta todas las teorías y búsquedas del emplazamiento tanto de la tumba de tan egregio personaje como de sus restos mortuorios, que los considera el verdadero "grial" de la arqueología. Saunders propone que su momia pudo ser troceada y convertida en millares de amuletos desperdigados por todo el ancho mundo durante la Edad Media.

Otra teoría sobre su posible ubicación fue expuesta por el británico Andrew Chugg y pronto levantó ampollas. Y señaló a la basílica de San Marcos en Venecia como el lugar que podría contener no los restos del evangelista, sino nada menos que el cuerpo momificado de Alejandro Magno. Chugg considera que se deben exhumar las supuestas reliquias santas bajo el altar de la basílica para someterlos a una prueba de ADN. El rey macedónico murió en Babilonia a la temprana edad de 32 años y en circunstancias muy extrañas. Se habla de envenenamiento, malaria o leucemia. Da igual. El caso es que el cadáver de Alejandro fue enterrado en una tumba construida en la ciudad egipcia de Alejandría, donde yació durante 700 años y después desapareció. Andrew Chugg sostiene que la confusión histórica sobre la suerte del cuerpo de Alejandro se explica porque el cadáver fue disfrazado de San Marcos para evitar su profanación y destrucción durante una insurrección cristiana a finales del siglo IV. Ambos cuerpos se dice que fueron momificados con lino y uno desapareció al mismo tiempo que apareció el otro, en casi exactamente el mismo lugar, cerca de un cruce de carreteras de Alejandría. En el año 828, las supuestas reliquias de San Marcos fueron robadas de Alejandría por navegantes italianos, que las llevaron a Venecia, donde actualmente se conservan en la Basílica construida ex profeso para albergar sus restos. Si eso es verdad, entonces fueron los restos de Alejandro, no los de San Marcos, los que fueron robados por mercaderes venecianos unos cuatro siglos más tarde para devolverlos a su ciudad natal.

Al menos en el 2014 se encontró e identificó la tumba del padre de Alejandro, Filipo II, en la ciudad griega de Vergina.

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