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De contrabando

De puntillas y con sigilo, el Gobierno está poniendo la zancadilla a la educación pública y engordando la concertada

La noticia que he oído esta mañana en la Cadena SER confirma que vivimos en la sociedad el ruido y del brillo y que mientras nos quedamos hipnotizados por los hechos más llamativos, ni nos fijamos en aquello que nos está robando la cartera social.

De puntillas y con sigilo, el Gobierno está poniendo la zancadilla a la educación pública y engordando la concertada. La crisis sirvió para justificar recortes en la pública que a día de hoy sigue 6.500 millones por debajo de la cifra pre crisis mientras que la concertada se salvó y a día de hoy recibe 160 millones más que cuando comenzó dicha crisis.

El Gobierno ha presentado siempre sus políticas como las únicas razonables frente al sectarismo de sus adversarios; y frente a las únicas posibles, frente a las fantasías contables de los demás. Eran, en toda circunstancia, la única respuesta realista, técnicamente indiscutible, respuestas regidas por el más puro sentido común.

Ya se ha comentado suficientemente lo que este pensamiento ha significado en el terreno económico. Cada cual sabrá cómo valora la superación contable de la crisis al precio social que se ha cobrado. Pero, ha pasado más inadvertido este contrabando ideológico del que les hablamos esta mañana. Se ha introducido en nuestra sociedad como la sobre prima a la educación concertada que se aceptó como complementaria de la pública y que está creciendo sobre sus escombros.

El Gobierno acumula motivos para ser puesto de patitas en la calle, últimamente aún más. Solo con este bastaría, porque es un atentado contra uno de los pilares básicos de nuestra sociedad democrática. Sí, parece claro que hay que cambiar el Gobierno. El problema es saber cambiarlo por quién.

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