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Palmeras salvajes

Se sabe lo que no se ve

El miedo de un niño que crece en un entorno de violencia es esa clase de miedo que una vez que entra, no sale nunca. Pero si además esa violencia se ejerce contra su madre, en muchos casos el destrozo es irreparable

El Tribunal Supremo considerará agravante que un niño perciba en casa la violencia de género, aunque no esté delante. La legislación anterior daba por hecho que lo que no se ve, no se sabe. Pero lo malo que se quiere ocultar se acaba sabiendo antes que lo bueno que se enseña. Lo que dice ahora el Supremo es que basta tener "percepciones sensoriales de otra índole". En realidad basta ser hijo de una mujer maltratada y de un hombre maltratador para que el delito del hombre sea un agravante.

No creo que haya que ser testigo directo de nada para saber cuando hay violencia en un hogar, y ese es el mayor horror: quien vive con sus padres no necesita ver o escuchar la violencia, del mismo modo que los ciudadanos de una dictadura no necesitan ver ejecuciones en la plaza mayor. El miedo no se cuantifica, el miedo no se puede medir jurídicamente. El miedo de un niño que crece en un entorno de violencia es esa clase de miedo que una vez que entra, no sale nunca. Pero si además esa violencia se ejerce contra su madre, en muchos casos el destrozo es irreparable. Y aunque no esté él delante, aunque incluso no viva con ella, el agravante se conoce diez o veinte años después.

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Cadena SER

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