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Cada vez sabemos más sobre menos

La especialización provoca que muchos trabajos provoquen aburrimiento por repetición de rutinas. Cada vez nos sentimos más alejados del producto final

Dos operarias envasando fruta /

El pensamiento es de José Ortega y Gasset  que en " La rebelión de las masas" y en "Visión de la Universidad" escribía sobre la "barbarie del especialismo" en la ciencia, un concepto extrapolable  a cualquier ámbito. Decía que la especialización cosiste en saber "cada vez más sobre menos" y de ahí "a saber todo sobre nada". Reducimos el saber a pequeñas parcelas del conocimiento y eso nos lleva a repetir rutinas y a aburrirnos. 

La periodista y escritora Irene Lozano, en el espacio filosófico "Mas Platón y menos whatsapp" de La Ventana, apuntaba que la mente humana "está diseñada para aprender, para crear, imaginar y construir".  Como ejemplo tenemos la infancia donde por las mañana jugamos a médicos, a mediodía nos creemos profesores y por la tarde constructores con el Lego ¿De adultos perdemos estas cualidades? No, pero la sociedad nos enfoca para un conocimiento especializado desde la educación.

Adam Smith  , en "La riqueza de las naciones" , señalaba el punto de partida de la especialización en la revolución industrial y la división del trabajo. Se buscaba una mayor productividad. El precio que  pagamos y seguimos pagando son tareas cada vez más monótonas y un mayor desconocimiento del producto final. El artesano controla todo el proceso de producción y se siente responsable del producto. Es más , frente al trabajador industrial , no valora la productividad ni la rentabilidad, sino que el trabajo bien hecho se convierte en un bien en sí mosmo.

Ortega y Gasset aportaba como solución a este  mal estructural de la especialización , la cultura. Sumar reflexión a la propia actividad para tener una perspectiva del todo, del conjunto. Otro enemigo de la especialización fue el filósofo Henry David Thoreau. Un buen día decidió irse a vivir al bosque y comenzó desde cero. Comenzó por construir una casa con sus propias manos.  El coste fue mucho menor de lo que hubiese invertido encargandola a unos albañoles, pero esto le llevó a reflexionar ¿Cuantas horas de trabajo hubiese necesitado para pagar a esos albañiles y arquitectos? "El precio de un bien-escribió- es el tiempo de nuestra vida que estamos dispuestos a dar por él".

Richard Sennet , sociólogo y pensador americano contemporáneo, ha aportado una visión muy interesante sobre el mundo del trabajo en su ensayo "La corrosión del carácter". Cuenta que la especialización, unida a la tecnificación, nos ha provocado una pérdida de la narrativa vital a través del trabajo. El trabajo ocupa una gran parte de nuestro tiempo, y es también decisivo a la hora de ubicarnos socialmente y conformar nuestra identidad. Decimos "soy abogada o enfermera", en lugar de "trabajo como abogada o enfermera" pone como ejemplo Irene Lozano.

La robotización es el último episodio. Por un lado nos liberará de las tareas más aburridas y puede ser el punto de partida para dedicaciones que nos llenen más y ocupen menos espacio de nuestra vida. Pero  para que esto sea posible es imprescindible la política para un mejor reparto del poco trabajo que nos quedará. Es cuestión de cambiar nuestra narrativa vital. 

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