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Del origen de 'Las chicas del cable' a la lección de 'Fariña': así es la productora detrás de su éxito

Teresa Fernández-Valdés, que ha recibido la Medalla de Honor del mercado televisivo de Cannes, conversa sobre los diez años de la productora Bambú, de su relación con la audiencia y de cómo ha cambiado la televisión

Teresa Fernández-Valdés /

Con 38 años, Teresa Fernández-Valdés es una de las cinco creadoras más importantes de Europa para la prestigiosa revista The Hollywood Reporter. Estudió periodismo en Madrid, pero volvió a su tierra, a Galicia. Y allí, se empezó a gestar todo. Un máster de producción audiovisual fue la incubadora de un proyecto de éxito que lleva 10 años generando series, Bambú Producciones. Tras ganarse un nombre con 'Desaparecida', 'Guante Blanco' fue su primera serie y también su primer gran fracaso, ha admitido siempre Teresa. Una experiencia que les sirvió para encontrar el equilibro entre lo que querían contar y lo que pedía la audiencia. Después vendrían ‘Gran Reserva’, ‘Hispania’, ‘Gran Hotel’ y ‘Velvet’, la serie que posiblemente más sintetiza el espíritu de su trabajo. Como en el negocio del moda, su obsesión es la calidad del producto, el acabado, cuidando al mínimo detalle la puesta en escena y los decorados.

Con Antena 3 formaron el matrimonio perfecto, pero siempre tuvieron clara su vocación internacional. Una coproducción con la BBC y el seguimiento de sus ficciones en Latinoamérica le abrieron las puertas de Netflix para su primera serie en España, 'Las chicas del cable'. Los que la conocen, dicen de ella que siempre ha tenido los pies en la tierra y, en Bambú, trabajan como una familia. Un clan gallego inseparable, junto a Ramón Campos o Gema Neira, entre otros, como los de 'Fariña'. “Quiero dedicar este premio a todas las mujeres que trabajan en Bambú, que son muchas. Una productora no pueda hacer nada sin un gran equipo detrás”, decía hace unas semanas tras convertirse en la primera española en recibir la Medalla de Honor del mayor mercado de series en Cannes.

Enhorabuena por este galardón

Me hace sentir muy orgullosa, pero debo compartir siempre mi carrera con Ramón Campos. Nuestra familia es familia completa, porque es socio y marido. Estos diez años de Bambú Producciones ha sido un trabajo mano a mano.

¿Cómo se lleva esa bicefalia? ¿Cómo os repartís las tareas?

Él es puramente guionista y su alma es de guionista. Los primeros años de carrera juntos, yo abarcaba más la parte ejecutiva, gerencia, coordinación de equipos, una dirección de producción. Pero donde nos habíamos conocido siempre había sido en el núcleo creativo. En el momento en el que eso pudo estar más o menos organizado en la compañía, yo quise recuperar mi reino. Y dije, hazme un hueco, que no todas las series sean para ti. Ahora nos repartimos un poco más. Los dos disfrutamos mucho de la parte creativa. Él es guionista desde los 8 años, desde que escribía telenovelas. Yo no, yo es algo que he ido descubriendo poco a poco, pero me apasiona trabajar con los equipos de guion, crear historias, personajes. Ahora, como hay trabajo, decimos una para ti y otra para mí.

Le dedicabas el premio a las mujeres que trabajan en Bambú, que son muchas, ¿qué se siente?

Todos los que disfrutamos con nuestro trabajo, en el fondo, nadie está pensando, buscando un reconocimiento. Estás concentrado en hacerlo bien, en que te salga bien, en que tu esfuerzo haya valido la pena. Entonces, es como si de pronto el tiempo se frena y dices, me ha salido bien. Y te dan una medalla del tamaño de un balón de fútbol. Yo pensaba que iba a venir decorada con una chapita, y tuve que facturarla. Estoy muy orgullosa y se lo he querido dedicar a las mujeres que me acompañan porque es verdad que hay este movimiento, en el audiovisual también, de lo que las mujeres representan y lo que no representan. Yo siempre digo que estoy rodeada de mujeres. No puedo decir que no tengamos espacio, pero sí menos visibilidad. El equipo en Bambú, si tú te paseas, son casi todo mujeres, mujeres, mujeres. Y con las cadenas, con las personas que yo me relaciono, también. Es verdad que en las altas esferas, directivas, el paseo es más de hombres, pero también lo asocio a la edad. Quería que todo el mundo supiera que el trabajo de un productor es un trabajo en equipo. Muchas veces no se conoce bien lo que hacemos nosotros y un productor ejecutivo, tal y como trabajamos Ramón y yo, en el fondo es como un director de orquesta. Tú lo que haces es guiar al equipo hacia un lugar, hacia un imaginario tuyo, hacia un universo que tú te has creado, pero todo el mundo te presenta ideas. Y tú vas diciéndole esta sí, esta no, esta se va. Pero si tú no tienes a todo ese equipo a tu lado, como un director artístico o de vestuario maravilloso, se quedaría en una hoja de papel, en un guion que nunca se traslada a la pantalla.

Una cosa es lo que uno quiere contar y otra lo que pide la gente, ¿esa es la clave?

En parte sí. Pasa, pasa que proyectos pincha. La ilusión siempre es la misma y uno trabaja confiado pero sí es muy importante para acercarte más al éxito. La clave no la tiene nadie, pero es importante pensar en qué cadena estás y a qué público te diriges. Esto era hasta hoy casi, hasta que se estrenó ‘Fariña’. Esto nos ha roto los esquemas. Cuando pensábamos en una gran audiencia, un gran público, para una televisión en abierto, nuestro objetivo era conquistar a las mujeres, que son más fieles. Los hombres siempre te abandonan por un fútbol o una carrera de no sabe qué. Y las mujeres, en el consumo televisivo te siguen más, conectan más con las historias, le dan continuidad en sus vidas… Entonces teníamos siempre la certeza de que las mujeres estuvieran representadas en pantalla con mensajes, aunque fueran series de época, que conectasen con la vida actual, que fueran muy bonitas visualmente. Todo está al servicio de que la gente viaje un rato, se distraiga, desconecte de su vida, de su mal rato… Y de pronto, ‘Fariña’ era una apuesta nueva y queríamos hacer un retrato, de una sociedad, de una situación. Nosotros, como gallegos, hemos vivido con una permisividad y una tolerancia, la gente no está señalada realmente. Está dedicada a este tipo de negocios, el narcotráfico o el contrabando, y en tu entorno familiar incluso había un consumo de tabaco de batea. Estaba normalizado. Aquí sí nos pusimos serios y dijimos que no podíamos hacer un cuento de hadas.

Hay que contar esa realidad porque hay mucha gente que la conoce

Eso es. Cuando lo propusimos, Atresmedia lo veía claro. Vamos a dar un paso adelante valiente. Tú un día devuelves esa cinta ya convertida, no en un guion, sino en una serie y se quedaron helados. Era exactamente un retrato y no cumplía para nada con los requisitos de lo que habíamos hecho durante años al servicio del público ¿Y qué pasó? De pronto, detienen a Sito Miñanco de forma inesperada, secuestran el libro, encuentran los guiones en la mesa de Sito… Todo era más grande que la pura ficción, que no es ficción, es un retrato de la realidad. Y entonces, dice la tele que hay una oportunidad muy buena para lanzar la serie conectando con la actualidad y esperábamos que tuviese buena acogida, pero ha acabado siendo una sorpresa y una lección al propio productor, a la cadena y a la sociedad. Señores, sí estamos preparados para ver cosas así.

De alguna manera, en series o programas de televisión, se acostumbra al público a una cosa y como eso funciona, se repite el esquema y se va desgastando. Pero el público es capaz de acostumbrarse o descubrir otras cosas…

Absolutamente. Nos ha demostrado que hay un público que demanda otro tipo de contenidos y que las generaciones de antes, las mujeres que seguían gobernando, ya no es la mujer de antes, es la de ahora. Ellas también están interesadas por la actualidad y no solo cuentos de princesa. Están interesadas en conocer la realidad de este país, de la Galicia de los 80. ‘Fariña’ nos ha desmontado como productores. Ahora cuando vas a presentar una idea, no sabes si va a ser éxito o fracaso.

Vuestro primer gran éxito fue ‘Gran Reserva’, ¿qué supuso?

Veníamos de sufrir mucho. Cuando nos aventuramos a ser productores, hicimos ‘Guante blanco’ y fue un fiasco. Fue nuestra primera serie nacional, una historia de policías y ladrones que se daban caza. En la tercera emisión la cancelan. Para nosotros era impensable. También era impensable que nos fueran a renovar, éramos unos productores que acabábamos de aterrizar en Madrid y entendíamos que ya nos habían dado esa oportunidad, que no había salido bien y que a nuestra casa. Pero nos dijeron que la vida del productor era ésta. No siempre se acierta, te cogen una de cinco. Lo que hay que hacer es ponerse a trabajar y traer nuevas ideas. Ramón y yo nos habíamos criado con culebrones maravillosos, como ‘Falcon Crest’, ‘Dinastía’ u ‘Hotel’, historias de malos malísimos, todos en torno a un gran espacio. Y pensamos en hacer algo sobre una saga familiar llena de malos. Queríamos también descentralizar el rodaje de las series, el foco estaba en Madrid y Barcelona. Nosotros siempre reivindicamos que en Galicia hay una gran industria y unos paisajes únicos, lo único que llueve. Entonces pensamos en irnos a La Rioja, que tenía buena fotografía, unos planos generales increíbles que no se veían en televisión. Nos la jugamos con esta saga familiar que tenía todos los elementos de culebrón, pero la elevamos en los estándares de calidad. No queríamos un culebrón al uso. Vamos a darle herramientas de gran producción. La ambición era desde tener un gran casting y que ellos se creyeran este proyecto a irnos fuera y salir del plató. Los crímenes en las viñas. Al darle ese plus y que fuera un thriller, que se escondiera un suspense debajo que aguantara al público durante semanas, no que se resolviera capítulo a capítulo, dejar sin respiración a la audiencia, no como nos pasó con capítulos autoconclusivos en nuestra primera serie. Tramas abiertas y que se enrede más y más la cosas. Se estrenó y fue un éxito. Tenemos un amor por ‘Gran Reserva’, no se ha repetido, pero lo del primer hijo no se olvida.

Hablabas antes de las mujeres, uno de los nexos de casi todas las series de Bambú es el protagonismo de las mujeres, ¿hay feminismo en ‘Las chicas del cable’?

Mucho. Mucho movimiento y son los años 20. A veces nos salimos un poco del tiesto y esto ha sido compartido con Netflix. Les decíamos que si una de ellas se declaraba por el amor libre, amo a un hombre, amo a una mujer, luego se descubre un hombre atrapado en un cuerpo de mujer… Esto en los años 20 sería muy complicado pensar que las cinco amigas lo aceptan. Creíamos, por coherencia, que una debía decir que no. Y ahora lo tuvieron muy claro en Netflix. Nos dijeron que no, que su público es joven y hay ciertos discursos que ya no caben, que no se entienden. Si fuera un retrato, como en ‘Fariña’, hay que pasar por ahí pero esto es una ficción y hay ciertas cosas que mejor no pasar por ahí. Están tan lejos de lo que debe ser, del respeto al otro, que no indagamos, no nos interesa esa historia. Y fíjate, nadie se ha quejado. Algo maravilloso de ‘Las chicas del cable’ es que lo comparten nietas con abuelas. Es decir, ninguna de las abuelas ha dicho que eso no pasaba. Sí pasaba, lo que se escondía.

Es la primera serie original de Netflix en España, ¿qué supone la plataforma para Bambú?

Es algo maravilloso. Las series anteriormente se estrenaban en España y si funcionaba, ya te decían de ver qué pasaba internacionalmente. Y tres años después, nos decían que ‘Gran Hotel’ era un éxito. La produjimos hace siete años y ahora se está rodando para adaptarla al mercado americano ¿Cómo puede ser que una serie que aquí ya no existe y allí la estén haciendo ahora? Era un viaje en el tiempo. Y hoy llega Netflix y estrenas en 180 países al mismo tiempo. Cuando todo el mundo estaba detrás de este Netflix, no era muy fuerte su presencia en España, teníamos más la referencia americana, para nosotros era un sueño inalcanzable. ‘Gran Hotel’ estaba viajando por el mundo porque estaba dentro de su plataforma y, después, ‘Velvet’, que también era un éxito internacional. Recibíamos mucho feedback de Argentina, Chile, otros países latinoamericanos y el mercado americano de habla hispana.

Unas Navidades recibimos un email de un tipo que se llama Erick Barkmak y que ponía que era vicepresidente de Netflix. Nos quedamos muertos. Era un hombre muy directo. Habíamos ido a pasar la Navidad a Galicia y Ramón me dice lo del mail, que nos han escrito de Netflix, que han visto ‘Gran Hotel’ y ‘Velvet’ y quieren tener una llamada con nosotros. Nos preguntaban si teníamos algo parecido. Nosotros somos una compañía creativa y siempre hay cosas en desarrollo. Le dijimos que teníamos un montón de ideas pero que nos dieran una semana para llegar a Madrid y poner en orden todo. ‘Las chicas del cable’ se había desarrollado en su día para Movistar, esto yo lo cuento porque ellos lo saben. Es la historia de Telefónica, la historia de las chicas, poner en valor a las chicas de entonces, la compañía creció por mujeres preparadísimas, tenías que tener unos estudios muy amplios para acceder a un puesto. Y a ellos no les interesó.

A Netflix, que tiene contenidos súper radicales y pensábamos que íbamos a salir de nuestra zona de confort, les mandamos ciencia ficción, cosas arriesgadas y, como se habían interesado por ‘Gran Hotel’ y ‘Velvet’, pues le mandamos entre esas cinco ‘Las chicas del cable’. Tardaron unas 48 horas en contestar. Dijo: quiero esta. Entonces esto fue tremendo. A ver quién se lo contaba ahora a los otros. Era un poco fuerte. Era la llegada de Netflix, ahora ya parece que se están encontrando, que buscan entendimiento entre ambas compañías, pero a priori era un enfrentamiento delicado. Y además con una serie que casi le pertenecía por historia a las otros, parecía incluso más agresivo todavía. Pero fue maravilloso. No esperábamos que nos ocurriera esto. Bambú Producciones, con el discurso de debernos al público, también hemos sido foco de crítica.

Y otra cosa que también ha cambiado es la forma de ver las series, ¿se produce de la misma manera pensando en la emisión a una hora que en los maratones online?

Para nosotros sí que cambia, pero nuestros éxitos iniciales fueran series concebidas para la emisión en abierto en cadenas generalistas, aunque luego viajaran internacionalmente. En ‘Las chicas del cable’, es verdad que si tú sabes que vas a consumir tres o cuatro capítulos del tirón, te ahorras repetir cierta información que de semana a semana sí tienes que hacer, recordarle al espectador en qué punto estabas. Ahora cuando sabes que ven tres capítulos del tirón, sabes también que no van a perder el hilo. Sí hay una manera de contar diferente las historias, va todo más rápido.

¿Qué veremos próximamente?

Ficción, mujeres siempre. Estábamos preparando para Antena 3 algo relacionado con la música. Ahí sí queremos hacer un mix entre ficción y retrato. Queremos hablar de una época muy interesante, de los años 60 en España, del rock de aquella época, de los primeros grupos. Nos gustaría hablar con nombres propios, vamos a intentarlo. Y luego estamos preparando otras ficciones para mujeres, en algún caso protagonizada por un hombre, pero subiéndoles grados al discurso.

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