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SUCEDIÓ EN EL CINE ESPAÑOL

Un lustro sin Alfredo Landa

Recordamos al actor que siempre sabía hacer cercanos a sus personajes y el único que ha dado nombre a un subgénero cinematográfico: “el landismo”

 A finales de los años 60 y principios de los 70, Alfredo Landa se dedicó con afán incontenible a perseguir suecas en calzoncillos en películas como No desearás a la vecina del quinto (1970), París bien vale una moza (1971) o Manolo la nuit (1973). Y logró lo que ningún otro actor ha conseguido nunca: definir con su nombre un género (o quizás subgénero): “el landismo”. Los críticos e historiadores han reservado a esos títulos sus calificativos más despectivos. Pero, dejando a un lado su calidad cinematográfica, hay que reconocer a ese cine un valor sociológico y testimonial. Porque Landa, al fin y al cabo, no hacía otra cosa que encarnar las fantasías del español de clase media. Un español que se desperezaba del oscurantismo de los 50, que dedicaba los domingos por la tarde a sacarle brillo al seiscientos y al que, eso sí, aún le daba corte hablar con las turistas del biquini. Pero para eso estaba el bueno de Alfredo: para convertir sus sueños en realidad.

Con la muerte de Franco murió la censura y murió “el landismo”. A las suecas se les podía caer el biquini y, en vez de en calzoncillos, a los españoles les estaba permitido perseguirlas con el culo al aire. Alfredo Landa se negó a participar en el cine de destape y su hueco lo ocuparon otros actores como Andrés Pajares o Fernando Esteso en subproductos de todavía peor calidad. La carrera de Landa, hasta entonces frenética, sufrió un parón de dos años.

En 1981 José Luis Garci, en contra de la opinión de los productores, se empeñó en convertirlo en detective de cine negro. En “El Crack” (1981) el actor compuso un personaje contenido, sobrio, que basaba su fuerza en la mirada. Unos años más tarde, en 1984, aprobó la reválida internacional cuando recibió en Cannes, ex aequo con Paco Rabal, el premio al mejor actor por “Los santos inocentes”. A partir de entonces ya nadie albergó dudas: puede que él le diera nombre, pero Alfredo Landa era mucho más que tan sólo “landismo”. En este reportaje repasamos su carrera y el recuerdo humano que dejó.

 

 

 

 

 

 

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