La firma de Àngels Barceló

Ella pensó que era intocable

La directora de "Hora 25" reflexiona sobre la imputación de la expresidenta madrileña Cristina Cifuentes por falsedad documental y cohecho

Cristina Cifuentes imputada por su máster en la Rey Juan Carlos. Va a tener que declarar ante un juez y dar las explicaciones que hurtó a los madrileños en su comparecencia en la Asamblea. Imputada por los delitos de falsedad documental y cohecho. Las declaraciones de las profesoras involucradas en el caso han sido determinantes. Una persona de confianza de Cifuentes, dicen, las presionó para falsificar las notas y para que apareciera un Trabajo de fin de Máster que nunca existió.

Mientras escuchan esto piensen en la cara de Cifuentes en ese selfie que ella se grabó asegurando que nunca se iba a ir, piensen en ella en la Asamblea de Madrid dando los detalles de la presentación de un trabajo que nunca hizo y que nunca defendió, vuelvan a escuchar las palabras de Rajoy diciendo que todo esto de Cifuentes y su máster era una polémica estéril, vuelvan a escuchar los aplausos que le dispensaron sus compañeros de partido en la reunión de Sevilla o vuelvan a leer el tuit de María Dolores de Cospedal en su defensa, hablando de acusaciones machistas y mezquinas.

Pues después de todo esto, Cifuentes ha sido imputada víctima de su propia prepotencia o de su sentido del poder. Ella también pensó que era intocable, como todos sus compañeros de parido que han ido cayendo, uno a uno, después de haber mentido sin pudor y haber exhibido públicamente la certeza de su impunidad. Pero en ella es especialmente sangrante, por como se vendió como la gran regeneradora del PP madrileño, por como alardeaba de ser el azote de la corrupción. Resultó que ella era igual que los otros porque presionar para la falsificación de un máster y mentir después también es corrupción, además llevándose por delante la reputación de la Universidad.

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