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El ojo izquierdo

Queremos guerra, queremos destrucción

Gastemos la poca inteligencia, sensibilidad y raciocinio que nos queda en impedir que los destrozos del indocumentado Trump nos lleven al último y definitivo desastre

Consumatum est: Quim Torra logró hacer un discurso aún más incendiario, y la guerra está servida. ¿No queda ni un gramo de sentido común en los grupos políticos de aquellas tierras para entender que en esta confrontación, si nadie le pone remedio, no va a haber prisioneros? Ya tenemos bastante ignorancia, barbarie y brutalidad campando en este ancho mundo, peor y mucho más odioso desde que este salvaje Donald Trump consiguió sentarse en el trono más importante del universo, como para tener que preocuparnos de Puigdemont un día y de Torra al siguiente, átomos minúsculos en ese mundo tan grande que gira y gira. Gastemos la poca inteligencia, sensibilidad y raciocinio que nos queda en impedir que los destrozos del indocumentado Trump nos lleven al último y definitivo desastre. Ha decidido el magnate nombrar ministro de Exteriores de Estados Unidos a Benjamin Netanhayu, otro depredador, en quien ha delegado toda política de Oriente Medio, que es tanto como dejarle la mecha del barril de pólvora a un pirómano. Irán, primero, Palestina, después, donde los muertos pagan las locuras del temible dúo, ajeno a la inteligencia de la diplomacia o, simplemente, a cualquier política dirigida a construir un mundo mejor y más justo. Pagados y mantenidos por los lobbies militares, uno y otro sólo piensan en la guerra como logro supremo. ¿Cien, mil, cien mil muertos? Bah. Sentimentalismos.

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