La firma

Trump con el lanzallamas

Produce escalofríos pensar en esas decenas de muertos y esos miles de heridos sentenciados por un loco y sacrificados en la fecha predeterminada ante la indiferente mirada de un mundo que da asco

Ayer en Gaza, 58 muertos y 2700 heridos, todos palestinos. Coincidían la fiesta y el drama. El 70 aniversario del Estado, gran fiesta para los israelíes, por tanto, el 70 aniversario de la Nakba, la gran catástrofe para los palestinos. Una situación explosiva, sólo faltaba el incendiario y llegó Donald Trump con su lanzallamas. Eligió ese día para inaugurar la embajada americana en Jerusalén con una gran recepción. El presidente de los Estados Unidos, el gobierno de Netanyahu, todos los gobiernos del mundo, la OTAN, la ONU, usted y yo sabíamos de sobra lo que iba a ocurrir. Las protestas palestinas y la acción de la policía israelí eran tan previsibles como una ejecución ahora fijada. Y produce escalofríos pensar en esas decenas de muertos y esos miles de heridos sentenciados por un loco y sacrificados en la fecha predeterminada ante la indiferente mirada de un mundo que da asco. Las autoridades israelíes han afirmado que se limitaron a responder a las agresiones con proporcionalidad. Proporcionalidad. Recordemos que los 58 muertos y los 2700 heridos son todos palestinos.

Esta barbaridad se produce 7 días después de la ruptura del acuerdo con Irán y el subsiguiente ataque del ejército de Israel en Siria. Estas decisiones sobre Jerusalén y sobre Irán han sembrado de minas todo el escenario internacional, destrozado los precarios acuerdos que estabilizaban la región y haciendo temblar el vínculo atlántico Europa-Estados Unidos. Bueno, haciendo temblar pero no mucho. Solo Emmanuel Macron expresó de forma abierta y clara su protesta por la actuación del ejército de Israel. España estuvo con los demás, con el coro de los borregos. La verdad es que no esperábamos otra cosa. Hace mucho que nuestra política es puro avestrucismo provinciano y vive de espaldas a cuanto ocurre fuera de nuestras fronteras. Bueno, con la excepción de Cataluña, donde el primer movimiento del nuevo president será visitar Berlín.

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