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El corazón blanco está de vuelta

Sergio Llul regresaa tiempo para la gran cita del año: la Final Four

Sergio Llull durante un encuentro con el Real Madrid. /

"Sergio Llull es fuego", "con una jugada es capaz de encender a todo un pabellón", "no es humano". Son palabras de sus propios compañeros, esos que comparten el día a día con un jugador diferente, con una persona especial.

El "Rey de las canastas imposibles" está de vuelta tras recorrer un largo camino que le ha tenido casi nueve meses alejado de las canchas. Lejos queda ya ese 9 de agosto en el que su cruzado dijo basta defendiendo la camiseta de la selección española.

Acompañado en su travesía por el cuerpo médico del Real Madrid, Sergio Llull ha salido victorioso del que tal vez ha sido el partido más importante de su vida. Trabajando, día a día y sin descanso, siempre con buena cara y con una sonrisa, de la mano de Javi Barrio, Samuel Castillo, Juan Trapero, Miguel Ángel López y demás miembros del Real Madrid que, normalmente, no acaparan los focos pero que no le han dejado solo en ningún momento de estos largos nueve meses. Ellos mejor que nadie saben lo que ha trabajado el menorquín para llegar a este momento de la temporada y poder sumar, de la manera que sea, para que el equipo alcance sus objetivos, para que el equipo vuelva a levantar un título.

Atrás quedan los gritos de dolor que silenciaron Tenerife, atrás queda esa noche en la que el propio Sergio Llull tuvo que animar a sus compañeros de selección desencajados tras verle tendido en el suelo. Atrás quedan las semanas con muletas en casa sin apenas poder moverse del sofá de casa, esas en las que no dejaba de recibir visitas. Atrás quedan las horas de fisio, el trabajo en solitario en la piscina, las horas en el gimnasio, las carreras en Valdebebas, las semanas en las que tocar un balón o lanzar a canasta se veía como una misión imposible o los uno contra uno con Melwin Pantzar cuando ya se veía la luz al final del túnel. La lesión ya es pasado y toca mirar al futuro.

El 23 está de vuelta con la misma ilusión, el mismo corazón y con esa garra que le llevó a convertirse en el jugador más temido de Europa, en el más determinante. Ese capaz de hacer cosas en una pista inalcanzables para gran parte de la humanidad y ese que pese a estar casi nueve meses sin jugar un partido oficial, 259 días después, fue capaz de regresar a las pistas en un playoff de la Euroliga, anotando dos "mandarinas" para sentenciar el partido a su favor. Ese que por sí mismo fue capaz de movilizar a 12.000 personas que no querían perderse su regreso. 12.000 personas que se dejaron la voz y se rompieron las manos aplaudiendo al guerrero que tantas y tantas noches les llevó a la gloria.

El MVP de la pasada Euroliga, el rey de las canastas imposibles, ha vivido una temporada atípica, una temporada que comenzaba en el mes de agosto y en el que sus canastas y victorias han sido celebradas en la intimidad pero el líder ya está aquí. Justo cuando su Real Madrid más le necesita. Justo cuando afrontan una de las semanas más ilusionantes del año en la que aspiran a levantar su décima Copa de Europa. El corazón del madridismo vuelve a latir con más fuerza que nunca.

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