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Vestida de negro

La desesperación que impregna la llamada de los periodistas de RTVE es un síntoma de la fragilidad democrática de este país. La sociedad está tan desmoralizada que es incapaz de reaccionar

Ustedes no me ven, pero imaginen que leo esta columna vestida de negro. He escogido este color porque ayer recibí un mensaje por la vía más trivial, menos solemne que conozco. Los trabajadores de RTVE piden por WhatsApp el apoyo de los ciudadanos en su lucha por la calidad y la credibilidad de la radio-televisión pública. Me ha conmovido una de sus frases, no cambies de canal, pero no tanto como la relativa indiferencia que su lucha inspira en una sociedad tan desmoralizada que es incapaz de reaccionar mientras contempla como se degrada su patrimonio. Porque RTVE pertenece a todos los españoles, desde luego, pero en España ya no existe la moral pública. La que fuimos capaces de levantar se ha ido por el sumidero de la corrupción, la impunidad y el juego sucio. La desesperación que impregna la llamada de los periodistas de RTVE es un síntoma de la fragilidad democrática de este país. Y sí, ya sé que hay gobierno en Cataluña, que Ciudadanos presiona a Rajoy con el 155, que la disolución de ETA se ha convertido en un problema para algunos, que el estado de Israel ha vuelto a desatar el terror en Gaza, que Trump insiste en legitimar una actuación ilegítima y criminal. Sé que la actualidad proporciona noticias de sobra, casi todas malas, pero la situación de nuestra radio-televisión pública es importante también por eso, porque los españoles tenemos derecho a conocer esas malas noticias a través de un medio excelente e imparcial que sea de verdad de todos. Por eso, aunque no tengo redes sociales para difundir su mensaje, leo esta columna vestida de negro.

 

 

 

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