La mirada de Soledad Gallego-Díaz

La audacia de la esperanza

Un proyecto político para un país tiene que tener en cuenta cuántos viejos y cuántos jóvenes hay, cuáles son sus problemas y sus intereses, quizás contrapuestos, y cómo, llegado el momento, cree que podrá compaginarlos

Tener un proyecto para un país suele ser el requisito principal para un político que aspire a dirigirlo. Pero un proyecto político no puede pasar por negar la realidad de ese país. No se trata de pensar que no existen trabajadores y empresarios, jóvenes y viejos, parados y empleados, hombres y mujeres, ricos y pobres y meter a todo el mundo en una única categoría, españoles, que todo lo cubre y tapa. Eso es lo que hizo ayer Albert Rivera al presentar una Plataforma Ciudadana que apela esencialmente al sentimiento nacional y que le caracteriza a él mismo como un ferviente nacionalista. El dirigente de Ciudadanos quiso quizás recordar al estupendo discurso que pronunció Barak Obama en la convención demócrata de 2004, pero el entones joven senador estadounidense no basó su llamamiento a la unidad en la desaparición de los diversos, sino precisamente en un país en el que todos esos diferentes cabían. No hay un Estados Unidos negro y Estados Unidos blanco, dijo Obama, porque hay un solo país, con blancos y con negros. Un proyecto político para un país tiene que tener en cuenta, por ejemplo, cuántos viejos y cuántos jóvenes hay, cuáles son sus problemas y sus intereses, quizás contrapuestos, y cómo, llegado el momento, cree que podrá compaginarlos. Obama se dirigía a un país de fuerte estructura federal, en el que los diferentes territorios, estados se llaman allí, han llegado a un acuerdo para repartirse las competencias y convivir juntos y unidos. Esa era la unidad a la que se refería y apelaba Obama. Rivera no recordó la convocatoria a la “audacia de la esperanza” que hizo famoso a Obama. Lamentablemente.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?