Palmeras salvajes

Creerse Paul Newman

Llama la atención que C’s diga que lo suyo no es nacionalismo porque es integrador y no quiere excluir a nadie: es que ya estamos integrados por defecto

Yo no dejo de recordar aquella declaración de Inés Arrimadas diciendo que su marido era nacionalista pero estaba tratando de apartarlo de “todo eso”. Espero que no lo haya llevado al acto del domingo de Ciudadanos: es como sacar a alguien del hachís y llevarlo a que te acompañe al poblado de la droga.

La creación de una plataforma España Ciudadana, por lo demás, tiene como novedad que es un think-tank de los sentimientos. Ideas, ninguna: España y sentimiento. Así que estamos ante una factoría sobre cómo llorar, pelear y sonreír por tu país. Básicamente Ciudadanos está componiendo el próximo disco de Marta Sánchez. Por eso me llama la atención que C’s diga que lo suyo no es nacionalismo porque es integrador y no quiere excluir a nadie: es que ya estamos integrados por defecto. Este es un ejercicio de trilerismo político. El nacionalismo catalán también aspira a ser integrador y no quiere excluir a nadie cuando consiga excluir a los que son catalanes por defecto. Hasta ahí los deseos. La realidad es que al coger una bandera y pedirle a los demás que la cojan, estás reclamando una posición, y que esa posición sea además la tuya. Al envolverte con ella y ponerla como origen de todas tus virtudes, estás señalando al que no se envuelve. Que las consecuencias sean diferentes en Cataluña que en el resto de España tienen que ver con que el nacionalismo catalán necesita romper el statu quo y España, que es el statu quo, puede presentar su nacionalismo como un proyecto integrador, y pacífico. Pero no hay integración ni paz en gente rompiendo a llorar cuando escucha un himno o atribuyendo a su lugar de nacimiento una señal de distinción. Puedes presentar tu nacionalismo de muchas maneras, incluso como algo que no lo es, pero el resultado es el mismo: os creeis mejores al resto.

De ahí que el domingo se dijese que somos un país único, que este país es el mejor país del mundo para vivir, que seremos imparables. Se llegó a decir que estaban todos allí para combatir el populismo y el nacionalismo: no sé cómo no se vació el Palacio de Congresos al escuchar eso.

Hay algo más. Cada vez que escucho presentarse a alguien como una persona sin complejos me meto debajo de la mesa o me pregunto qué me quiere vender. Ese discurso político de “somos españoles sin complejos”. Oye, tío, pues hay que empezar a tener algún complejo, ¿no? Tener muchos complejos es malo, pero no tener ninguno es horrible. A mí me salvó la vida tener complejo de nariz grande cuando era adolescente. Sin ese complejo me hubiera creído Paul Newman. Y ése es el nacionalismo que va por ahí sin complejos: creerse Paul Newman.

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