El ojo izquierdo

Mugre sobre mugre

Las soluciones a debatir entre los políticos deberán ser políticas, que por eso les hemos elegido y para eso cobran. ¿Hasta cuándo vamos a aguantar que se diriman estos temas en las salas judiciales?

¿Será posible que en algún momento del futuro, no nos fijemos plazos, podamos hablar de política sin tener que hacerlo al mismo tiempo, como si fueran hermanos siameses, de la Justicia, de abogados, de fiscales y de jueces? Ahí están Cataluña y la corrupción, dos problemas gigantescos en la España del 2018, y ambos atravesados de parte a parte por decenas de artículos de varios Códigos. Discutimos sobre leyes, nacionales e internacionales, si es ajustado a Derecho publicar una lista o si la extradición la están aplicando de forma correcta los jueces alemanes. Historias de distracción de puros leguleyos, búsqueda desesperada de circunloquios para no asumir la realidad y hacer frente a las dificultades que nos atenazan. Y porque éstas son políticas, políticas deberán ser las soluciones a debatir entre los políticos, que por eso les hemos elegido y para eso cobran. ¿Hasta cuándo vamos a aguantar que se diriman estos temas en las salas judiciales? Y qué decir de la corrupción, tribunales enteros ocupados en las coimas de tanto sinvergüenza, y que un día y otro también ven engrosado su trabajo por la detención de este o aquel exministro, concejal o alcalde, campeonato que gana de lejos el Partido Popular. La caída de Eduardo Zaplana, tan estrepitosa como ha sido, es, además, demoledora para la imagen, ya cadavérica, de su partido. Más tribunales, más mugre.

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