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Huida a Europa

La libertad de expresión es un derecho desagradable. Hay gente que dice: qué bonita es la libertad de expresión. No, no es bonita. Pero es necesaria

Ayer se reproducía un titular en varios medios que decía: "Valtonyc huye a Europa". Supongo que hace las veces de titular y de editorial. Un titular algo más forzado sería "Valtonyc huye a la civilización". Pero en fin, el drama de estos últimos juicios y sentencias es precisamente que España es Europa aunque haya días en que se esfuerce en lo contrario.

Nos olvidamos constantemente de algo. La libertad de expresión es un derecho profundamente desagradable. Hay gente que dice: qué bonita es la libertad de expresión. No, no es bonita. Esa gente debe de pensar que la libertad de expresión consiste en la libertad de decirle lo hermosa e inteligente que es. La libertad de expresión es otra cosa, y aunque no es infinita, debe de ponerse en valor por encima de muchos otros derechos. Hay algo que suele olvidarse en democracia: si es democracia es porque acoge a quienes la odian o desean destruirla. Eso también es libertad de expresión. Cuando un señor dice a un micrófono que hay que bombardear Barcelona y otro en una canción que quiere matar a los Borbones, no están dando una orden: nadie va a bombardear ni a matar a nadie porque ellos lo digan. Ocurre que la justicia, que no debe mirar para ninguno, apunta sólo contra uno.

Hay una cosa más. Si un Estado quiere tener un puño duro debe de tener también la piel dura, y asumir las consecuencias respecto a la calidad de su democracia. Lo que es ridículo es tener la piel fina y meter en la cárcel a quien te la roza. Por eso lo que ocurre con estas sentencias es que al resto de Europa hemos exportado en las últimas décadas muchos productos, pero hay uno que te compran siempre y que se exporta con más facilidad que ninguno: el ridículo.

 

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