La mirada de Soledad Gallego-Díaz

A vueltas con la crispación

El nuevo presidente del Gobierno no ha tenido todavía tiempo siquiera de anunciar cual será la estructura de su gabinete o los nombres de sus ministros y esos portavoces del PP ya le colocan ante un pliego de exigencias

La rapidez con la que algunos portavoces del Partido Popular están estructurando un discurso de crispación es llamativa: no han pasado casi 48 horas del éxito de la moción de censura y ya se emplea un lenguaje de total confrontación política. El nuevo presidente del Gobierno no ha tenido todavía tiempo siquiera de anunciar cual será la estructura de su gabinete o los nombres de sus ministros y esos portavoces del PP ya le colocan ante un pliego de exigencias y ante una especie de desautorización genérica, vaya a hacer lo que vaya a hacer. Son armas de distracción masiva, porque, en el fondo, por el momento, lo más interesante sigue siendo la composición que termine teniendo ese gobierno. Es decir, ¿existirá una vicepresidencia económica? ¿incorporará Pedro Sánchez a pesos pesados del Partido Socialista? ¿en qué puestos?, ¿qué relevancia se concederá al interlocutor con Europa? Esas son preguntas mucho más lógicas en este momento que el anuncio, en solo 48 horas, de estrategias filibusteras de paralización parlamentaria.

La crispación que se va alimentando no tiene que ver con la solicitud de unas elecciones generales anticipadas. Obviamente, pedir la convocatoria de elecciones es siempre una opción totalmente democrática. Lo que aviva la confrontación es negar ese mismo carácter democrático y constitucional a la moción de censura o poner en entredicho la legitimidad del gobierno. Esa es una opción políticamente muy agresiva que quizás este pensada para ayudar al PP.

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