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Hacer algo

Ignacio Echeverría pudo elegir. Pudo pensar.

Dice el padre de Ignacio Echeverría que cuando no le gustaba algo lo decía bien alto y que esa actitud te puede llegar a complicar la vida. Dice también el padre de Ignacio Echeverría que cuando su hijo veía una situación que le parecía injusta, sentía el impulso de hacer algo. Ese “hacer algo” le llevó a anteponer la supervivencia de los demás sobre la suya propia.

A veces haces algo extraordinario porque no tienes más remedio, porque te tocó estar en el peor momento. A veces incluso hay que meterse en una paliza sabiendo que te van a pegar a ti también, o tirarte al mar a sacar a un niño que se ahoga sabiendo que te puedes ahogar también. No puedes elegir porque estás solo, y es probable que si no haces eso, pases solo el resto de tu vida. O por lo menos atormentado.

Echeverría pudo elegir. Todo el mundo corría, todo el mundo escapaba. Él se dio la vuelta. Al contrario que otros héroes en otras circunstancias, tuvo tiempo para pensar. Los actos reflejos nos convierten en héroes inesperados; de repente en un tiroteo tapamos el cuerpo de nuestra pareja, o nos tiramos al metro a sacar a alguien de las vías. A veces somos más nobles cuando no pensamos.

El caso de Echeverría es diferente porque su muerte fue consecuencia de lo que hizo toda su vida. Pudo pensar. Pudo elegir. Lo que pensó y eligió le llevó a ponerse a salvar vidas en Londres y acabar pagándolo con la suya.

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