LA OPINIÓN

Adiós, Rajoy

Rajoy se va sin alterar ni una coma su relato sobre la corrupción tras la sentencia Gürtel. Pero deja completamente abierta la puerta a la renovación del partido, porque en contra de la tradición popular, se va sin señalar un sucesor

No parece que Pedro Sánchez está configurando un gobierno para unos meses, la verdad. Los nombres que se van conociendo suman trayectorias sólidas y ambiciosas y la propia estructura del ejecutivo apunta en la dirección de meter mano a grandes reformas pendientes. Por ejemplo, incluir Igualdad en la única vicepresidencia, o una única cartera de Clima y Energía, o traerse de Andalucía a una política curtida en financiación autonómica para Hacienda, o desde Valencia a otra curtida en la defensa de la sanidad pública. Y si a Bruselas se envió ya una potente señal con Borrell en Exteriores, la elección de Nadia Calviño como ministra de Economía coloca a España de nuevo en la locomotora del europeísmo frente al empuje de los euroescépticos. Calviño era directora general de Presupuesto de la Comisión Europea.

No, no tiene pinta, desde luego, de ser un gobierno para unos meses. No sabemos cuánto durará, pero parece concebido para intentar tener futuro.

Y quien ya pertenece al pasado es Mariano Rajoy. Deja la política después de que la política, el Parlamento, el poder legislativo, le obligara a dejar la Moncloa.

Rajoy se va sin alterar ni una coma su relato sobre la corrupción tras la sentencia Gürtel. Pero deja completamente abierta la puerta a la renovación del partido, porque en contra de la tradición popular, se va sin señalar un sucesor. Comienza el baile en el PP con Núñez Feijòo como favorito y con Cospedal y Sáenz de Santa María pujando también por el liderazgo.

Rajoy volvió a ofrecer ayer sus dos caras: la del opositor feroz que deslegitima la moción de censura como instrumento democrático, el Rajoy que defiende con mano de hierro sólo sus intereses; y vimos también al otro Rajoy, al político educado, un poco decimonónico y elegante que garantizó a los suyos que cuando se vaya no intentará tutelar al sucesor. Exactamente el reverso de Aznar, que eligió el día de ayer, el día en el que en el PP despedían a Rajoy entre lágrimas, para reaparecer. Aznar no mencionó a la Gürtel, que nació y creció durante sus gobiernos, se atrevió a dar clases de moralidad a los demás y se atrevió a ofrecerse para unificar al centro-derecha dividido ahora entre el PP y Cs. Tienen faena los populares.

Ejercicio para la melancolía: ¿Qué hubiera pasado en España si todo lo que estamos viendo ahora hubiera ocurrido en el 2015 o en el 2016 cuando por primera vez las urnas arrojaron mayorías muy similares a las que tenemos ahora y los hechos sentenciados en la Gürtel eran conocidos ya? ¿Cuánto sufrimiento como país nos hubiéramos, quizás, ahorrado? O quizás no, o quizás haya hecho falta este tiempo de tensión, parálisis, errores y aprendizaje para que todo empiece a cambiar. Veremos.

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