Palmeras salvajes

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Lo que Aznar llama centroderecha es el centroaznariano, un espacio ideológico latente desde 2004 que misteriosamente nadie ha ocupado nunca

Lo que ocurre con Aznar es que en noviembre de 2003 cree que elige a su sucesor en La Moncloa, y sólo elige a su sucesor en el partido. Piensa que deja en herencia un partido comprometido con la ideología y lo único que deja en herencia es un partido comprometido con la corrupción, del mismo modo que su famoso milagro económico resultó ser una burbuja y un ministro en el banquillo. Aznar se ha pasado la vida idealizándose a sí mismo pensando que idealizaba España, y tratando de reconstruir un espacio político que sólo existe en su cabeza. Lo que él llama centroderecha es el centroaznariano, un espacio ideológico latente desde 2004 que misteriosamente nadie ha ocupado nunca. Cada seis meses sale Aznar a señalarlo y cada seis meses España se asusta como si viese una cara de Bélmez ideológica.

El centroaznariano es la Arcadia de Aznar, el sitio desde el que se arreglarían todos los problemas de España con sólo ocuparlo. De ahí que se sienta como un extraterrestre de una civilización perdida pidiendo por la calle que se la reconstruyan. De ahí su frustración continua. De ahí el bigote o lo que sea que se le haya quedado ahí encima. Porque Aznar lleva quince años queriendo reconstruir algo que él ve claro pero que no existe, y así ha sido siempre en el caso de Aznar y los aznarianos, cuya frase preferida es que Aznar ve donde los demás no ven y llega donde los demás no llegan. Así se entiende mejor. Todos los conflictos de Aznar con la realidad son, según Aznar, por culpa de la realidad. Y la riñe.

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