El sueño de Amelia Earhart

Amelia Earhart lo consiguió casi todo a los 39 años de edad. Le faltó completar la vuelta al mundo. Lo intentó, sabía que era arriesgado, sabía que su vida estaba en juego, pero nada paraba su sueño. Dijo una vez: “Lo más difícil es actuar, el resto no es más que tenacidad. Los temores son tigres de papel. Puedes hacer cualquier cosa que decidas hacer. Puedes actuar para cambiar y controlar tu vida; el proceso es tu propia recompensa.”

E Intentó controlar su vida y dejar huella de su existencia. Fue la primera mujer en muchas cosas. Y ayudó a otras mujeres a conseguirlo. Hizo muchos records. Todos los que pudo. Fue la primera en cruzar el Océano Atlántico en avión como pasajera, en 1928. En 1932 realizó esta hazaña en solitario y estableciendo una nueva marca de tiempo. En 1935, rompió un segundo récord piloteando el primer vuelo exitoso entre la isla de Hawái y California, cuando muchos otros y otras habían muerto en el intento. Gloria, honores, reconocimientos, medallas… todo iba bien. Muy bien. Se casó con el publicista George Putnam e incluso escribió un libro “Veinte horas, cuarenta minutos” (el tiempo que duró el vuelo trasatlántico) y lideró una línea de ropa de moda.

En 1937 quiso realizar su gran sueño: dar la vuelta al mundo. Su avión salió de Oakland, California, con una tripulación de tres, pero hubo problemas mecánicos y la misión fue abortada rápidamente después de un aterrizaje en Hawai. En junio, Earhart lo intentó de nuevo. Esta vez, ella voló con una sola persona, el piloto Fred Noonan. Tras completar dos tercios del trayecto aéreo, en medio del océano Pacífico su rastro desapareció misteriosamente, lo que dio lugar a múltiples especulaciones y contribuyó a magnificar su leyenda.

La última retrasmisión fue el 2 de julio de 1937. Se pensó que se quedó sin combustible y se estrelló en el mar muriendo ahogada junto con el copiloto. Ahora se cree que hizo un aterrizaje de emergencia en la isla Nikamuroro y sobrevivió durante algún tiempo como naufraga. Su recuerdo desde entonces pervive en la cercana isla de Howland en forma de faro que se hizo para homenajear su hazaña, y también en la mente de todos aquellos que saben que para conseguir algo en la vida hay que arriesgarse, hay que volar alto y no solo en el sentido metafórico de la frase. Amelia lo expresó de manera poética:

“Las estrellas parecían lo suficientemente cercanas como para tocarlas y nunca antes había visto tantas. Siempre creí que el señuelo de volar es el atractivo de la belleza.”

 

 

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