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Palmeras salvajes

Vírgenes de pensamiento, obra y omisión

Dice mucho que en España hayamos estado durante años hablando de los límites del humor y no dedicásemos ni un minuto a debatir sobre los límites del odio.

Una de las profesiones con más futuro es la de arqueólogo de redes sociales, una especie de experto dedicado a encontrar en el pasado motivos para explicar tu muerte en el presente. Twitter fue en su momento un lugar en el que la gente pensaba en voz alta. Pensar en voz alta tiene dos problemas: que toda la gente alrededor te tome en broma y que toda la gente te tome en serio. Siempre son peores los segundos, que ahora atacan con violencia al nuevo ministro de Deporte por haber dicho que no le gusta el deporte, o que no lo practica. Es criticable, también divertido, pero criticable. No sé si hasta el punto de prohibirle correr y que no le dirija a palabra a nadie que haga o haya hecho deporte, como pretenden algunos. Pero me interesa ese aspecto social: la determinación con que se puede condicionar el presente por un par de comentarios en el pasado, cada vez más y con consecuencias más escandalosas. Nunca nuestras huellas tuvieron tanto peso e importaron tanto. Parece que necesitamos vírgenes de pensamiento, obra y omisión. Cualquier actitud o broma o frase o error del pasado que pueda ser censurado ahora tiene el poder de inhabilitarte para siempre si cae en las manos histéricas de los que están siempre pendientes de ser ofendidos. Dice mucho que en España hayamos estado durante años hablando de los límites del humor y no dedicásemos ni un minuto a debatir sobre los límites del odio.

 

 

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