El dietario de Ramoneda

Quien quiera entender, que entienda

Josep Ramoneda reflexiona sobre el ofrecimineto del gobierno a los migrantes del barco Aquarius, la expectativa de la reunión entre Sánchez y Torra, y la sucesión en el PP

El presidente Sánchez ordena acoger a los inmigrantes del barco Aquarius que Italia rechaza. Y pacta la operación con Naciones Unidas. Por fin, un presidente osa tonar la bandera de la dignidad en Europa. Y esperemos que otros le sigan. En medio de tanta mezquindad y cobardía, un gesto de este tipo reconforta.

Mucha expectativa ante una posible reunión Sánchez-Torra. ¿Pero hay realmente una posibilidad de desbloqueo? Sin Cataluña la izquierda no gobierna en España. Pedro Sánchez lo sabe y busca aprovechar el estado de gracia para encauzar la cuestión catalana. Pero las heridas están abiertas y mientras haya presos habrá barullo. “Jugamos al póker pero íbamos de farol”, ha dicho la exconsejera catalana Clara Ponsatí que está en Escocia. El reconocimiento de la realidad es un primer paso para que la negociación sea posible. Pero si hay un motivo para creer en el diálogo es, utilizando una frase de Daniel Innerarity, que el “Estado y el soberanismo saben que el otro es irreductible”. Y en estos casos, en democracia, tarde o temprano hay que entenderse.

Rajoy pone fecha a su sucesión ¿Se mantendrá el PP en la lógica de la transmisión casi hereditaria de la jefatura o entenderá que la política ha cambiado y que, a menudo, las candidaturas inesperadas tienen premio? Una mirada al entorno haría aconsejable una cara nueva, muy nueva. No veo a Cospedal que lleva las cuitas del partido a cuestas, ni a Sáenz de Santamaría con la arrogancia incorporada, ni a Feijóo, demasiado a la sombra, para liderar el futuro. Pero el PP es un partido esencialmente conservador y arriesgar cuesta.

Philippe Agion Philippe Martin y Jean Pisani Ferry son tres economistas que ayudaron a Emmanuel Macron a construir su programa. La pasada semana enviaron a su presidente una nota de advertencia. “La ambición emancipadora del programa presidencial no alcanza a un número creciente de ciudadanos”, dicen. La elegancia en la forma no excluye la dureza en la crítica: “El riesgo es que la ambición transformadora inicial se convierta en un programa clásico de reformas estructurales favorables a los más ricos”. Y quien quiera entender, que entienda.

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