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A un paso del fascismo

No hay seres humanos de distinta categoría como defiende la extrema derecha italiana. Las personas que van a en ese barco son titulares de derechos. España ha devuelto la dignidad al debate europeo.

La embarcación 'Aquarius' con 629 migrantes a bordo. / ()

El barco Aquarius vendrá finalmente a España, al puerto de Valencia. Es noticia de esta madrugada. En las próximas horas, las 629 personas que viajaban a bordo, serán repartidas en tres embarcaciones: el Aquarius y dos barcos militares italianos. Y así, sin riesgo para nadie, emprenderán viaje a nuestra costa. 629 personas, 123 menores que viajan solos, 7 embarazadas y 11 bebés. Cansados, exhaustos, sin víveres y amontonados hasta ahora tras ser rescatados del agua.

Ya conocen el vuelco que dio la situación ayer tras negarse el gobierno xenófobo de Italia a acogerlos. En una decisión sin precedentes El Presidente español Pedro Sánchez ofreció el Puerto de Valencia para afrontar la emergencia y cumplir con la ley porque las personas que van a en ese barco son titulares de derechos. Como usted y como yo. No hay seres humanos de distinta categoría como la extrema derecha italiana defiende a un paso de fascismo. El gesto del gobierno español desató una oleada de ofrecimientos de gobierno autonómicos y ayuntamientos españoles dispuestos a acoger a los migrantes una vez lleguen a puerto.

España devolvió de repente dignidad a un debate europeo en el que se habla de números en lugar de personas, se mira para otro lado mientras las ONG's intentan salvar vidas en el agua, se externaliza la responsabilidad pagando a un país de dudosas credenciales democráticas como Turquía y se consiente, con la única amenaza de las multas, que gobiernos xenófobos como el nuevo de Italia o el de Hungría se nieguen a aplicar los pírricos acuerdos europeos en materia de migrantes. El gesto del presidente Sánchez devuelve dignidad al debate y lo centra: ahora mismo hablamos de salvar vidas y de cumplir la legalidad internacional en materia d derechos humanos. Esto es lo inmediato, lo urgente. Pero al fondo a un debate ineludible.

Cinco años después de la tragedia de Lampedusa, aquí estamos, sin una política europea que pueda llamarse tal y ante la evidencia reiterada de que el efecto llamada no está aquí, sino allí, en África u Oriente Próximo donde la guerra y el hambre seguirán empujando a miles de personas a huir.

Imposible no acordarse cada vez que esto ocurre de un barco llamado Whinnipeg en el que Pablo Neruda embarcó a miles de republicanos españoles que huían de la guerra y de los campos de concentración en el año 39 para llevárselos a Chile. 80 años después somos todos muchos más ricos y tenemos muchos más recursos, infraestructuras y conocimientos. Solo hay que preguntarse para qué nos sirve.

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