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A la cárcel, que ya es hora

Ya ha tragado toda España con alguna que otra mandanga de difícil explicación, como esas largas vacaciones que ha padecido el iñaki Urdangarin en Suiza, ese infierno perfectamente descriptible

Esto es no parar, que lo mismo tenemos un presidente nuevo, traemos un barco a rastras o condenamos a la cárcel a un cuñado del Rey. Para que nos quejemos los periodistas. Hoy recogerán Iñaki Urdangarin, su socio Diego Torres y el expresiente Jaume Matas, que colecciona condenas como otros sellos de Gambia, la orden de prisión en la Audiencia Provincial de Palma. Ya habrán leído u oído que todavía hay algún resquicio de leguleyos para que puedan eludir el viaje hasta el calabozo. Sería un error. El Tribunal Supremo ha condenado al marido de la infanta a una pena de cinco años y diez meses de prisión por prevaricación, malversación, tráfico de influencias, fraude y dos delitos fiscales. No es una broma, que son delitos de enorme gravedad. Ya ha tragado toda España con alguna que otra mandanga de difícil explicación, incluso para el juez y el fiscal del caso, como que el rey emérito no declarara, que se rebajara la pena -mínima, apenas un mimo- a la infanta Cristina y, sobre todo, esas largas vacaciones que ha padecido el exduque en Suiza, ese infierno perfectamente descriptible, en lugar de haberle tenido en la trena a la espera de sentencia. ¿Es necesario citar otros casos de procesados por delitos similares con los que no se han tenido tantos miramientos? A la cárcel, por favor.

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