LA OPINIÓN

Dimitir no es extraordinario

Amanecemos con un ministro dimitido, con un seleccionador cesado y con Iñaki Urdangarin descontando las horas para ingresar en prisión antes del lunes próximo

Mario Alejandre es un compañero de la SER en Castilla y León qué ayer escribía lo siguiente: “La Guardia Civil detiene a la actualidad por circular al doble de la velocidad permitida (y digerible)”.

Y tiene razón. Hoy amanecemos con un ministro dimitido del gobierno que se formó hace cinco días, con un seleccionador nacional de fútbol cesado a dos días del comienzo del Mundial y con Iñaki Urdangarin, cuñado de rey, descontando las horas para ingresar en prisión antes del lunes próximo.

Màxim Huerta dimitió ayer por la tarde como ministro de Cultura, horas después de que trascendiera que había defraudado a Hacienda 218 mil euros entre 2006 y 2008. No le quedaba otra. Su partido ha llegado a la Moncloa reivindicando el respeto a las reglas del juego frente a un PP que durante años se ha negado a asumir ninguna responsabilidad pública por gravísimos casos de corrupción. La dimisión de Huerta vuelve a demostrar que nadie, ningún partido ni nuevo ni viejo, como ya ha quedado claro en España, está libre de tener episodios de comportamientos impropios. La diferencia entre una democracia sana y exigente y la que no lo es reside en la asunción de la responsabilidad abandonando el cargo con rapidez por voluntad propia o inducida. Hoy se ha subido un peldaño más en el nivel de exigencia, para todos. Bienvenida sea. Ya hay nuevo ministro de Cultura y Deportes. Es José Guirao, un experto en gestión cultural.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?