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Sigmund Freud, una vida llena de pasiones

Fue un neurólogo que vivió en la Viena del siglo XIX, pasando el último año de su vida en Londres. Un personaje controvertido, pasional, sumamente inteligente, padre del psicoanálisis y propietario de teorías que incluso hoy en día se discuten con acritud

Era un trasgresor revolucionario para su época. Algo que no fue muy bien comprendido. Hizo enormes aportaciones a la psicología, pero sus métodos no acababan de convencer y fueron muy criticados por sus contemporáneos.

De hecho, fue propuesto para el Premio Nobel de Medicina e incluso el de Literatura que no solo ignoró a Freud en varias ocasiones, sino que el comité dejó para la posteridad comentarios devastadores sobre él: "Es un insufrible y tiene una mente tan enferma como sus pacientes".

En 1929, el profesor Henry Marcus, del Instituto Karolinska -que otorga el Nobel de Medicina-, resumió cruelmente la desconfianza del mundo científico ante las teorías freudianas. «Toda la teoría psicoanalítica de Freud, tal como hoy la conocemos, constituye una hipótesis, según la cual la neurosis es consecuencia de un trauma sexual infantil, algo que no ha podido ser demostrado aún en casos en que ese trauma realmente exista»,

En 1928 Einstein se negó a apoyar la candidatura de Freud al Nobel de Medicina, justificándose de la siguiente manera: «Soy incapaz de formarme una opinión de fondo acerca de las teorías freudianas, y menos aún emitir un juicio autorizado».

Amado y odiado por pacientes y discípulos, consumidor de cocaína, adicto al tabaco, maniático hasta extremos increíbles, sentía más querencia por perros que por personas, contradictorio en su vida privada, prolífico escritor y recolector de sueños, influyente y persuasivo en sus opiniones, perseguido por el Tercer Reich debido a su origen judío, que le obligó a exiliarse a Londres. Es lo que tienen los genios, que no dejan indiferentes a nadie. De lo que no cabe ninguna duda es que se trató de un personaje relevante de nuestra época, de esos que dan que hablar en documentales, libros y programas de radio.

Incluso su muerte quiso que fuera diferente. El doctor Schur, el 21 de septiembre de 1939, le inyectó una dosis de morfina. Freud no quería sufrir más de su cáncer de boca por el cual tuvieron que extirparle parte de la mandíbula. Al día siguiente le dio una dosis final. Freud entra en coma y ya no despertará más. Tenía 83 años bien cumplidos. Lo que surge entonces es el despertar del mito, casi de manera subconsciente, que rebasa todo el planeta y llega hasta la Luna, porque al poco de fallecer se descubrió un cráter en la parte noroccidental del lado visible del satélite. Como homenaje decidieron bautizarlo con el nombre de “Freud”. Y allí sigue…

 

 

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