La polémica del día

¿Coalición de perdedores?

El PP deberá revisar mantras que proclamaba como verdades absolutas cuando trataba de minar la legitimidad del adversario

Las primarias del PP para elegir al sucesor de Rajoy han tenido tres virtudes incuestionables. La primera, la incorporación de la militancia en una de las decisiones más trascendentales en cualquier organización. La segunda, volver a comprobar cómo, cuando deciden las bases, no siempre se siguen los designios del aparato, aunque los dos ganadores no sean precisamente versos sueltos en el partido. Y, la tercera, constatar cómo en virtud de las reglas de la democracia, en estas elecciones indirectas, puede llegar a conquistar la presidencia el segundo, si es capaz de recabar el apoyo de quienes optaron por los derrotados en primera vuelta. Todo normal, es la democracia.

La única contrariedad es que, con esta situación, el PP se ha puesto frente al espejo. Y deberá revisar mantras que proclamaba como verdades absolutas cuando trataba de minar la legitimidad del adversario. Aquel del “que gobierne la lista más votada”, ese otro que clamaba contra gobiernos construidos a base de alianzas de perdedores”, o el que rechazaba como anatema el poder inmenso de algunas minorías “para torcer el veredicto expresado en las urnas”. No sabemos lo que pasará en el último asalto entre Sáenz de Santamaría y Casado. Pero puede pasar que suceda todo aquello contra lo que han clamado. Si a partir de entonces entierran su rancio e interesado discurso sobre procedimientos impecablemente democráticos, esa será la cuarta virtud de estas primarias. No solo para el PP.

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