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LALALÁ

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Ale: una camarera con dos cojones

Una chica trans relata lo mejor y lo peor de su experiencia en el sector de la hostelería

Ale trabaja como camarera en uno de los hoteles más lujosos de Madrid y asegura que "en la vida hay tres experiencia flipantes: parir, viajar al espacio y transicionar en género". Cualquiera de ellas, en su opinión, te aporta una visión distinta y te asegura un sinfín de aventuras. Pero no todas son agradables. Se estima que el paro entre el colectivo trans ronda el 85 %, una cifra muy superior a la media. Y con la depresión o los intentos de suicidio, más de lo mismo.

Ella dice sentirse afortunada: "Flipo con que a día de hoy siga viva y no esté en la indigencia o prostituyéndome en un polígono". Y es que, hace unos meses, después de muchos años trabajando en la hostelería de alto nivel, le vio las orejas al lobo. Los responsables de contratación ya no se fijaban en su experiencia o en su profesionalidad y no se atrevían a reconocerlo abiertamente, pero no querían "problemas". Emplear a una chica trans, por lo visto, se lo parecía.

"Me lo esperaba porque la trasnsfobia es una lacra muy arraigada en esta sociedad", lamenta Ale. "Los prejuicios y estigmas con los que tenemos cargar las personas trans no se van a diluir de un día para otro".

Por suerte dio con alguien distinto. El coordinador de una de las ETT para la que trabajaba decidió echarle un cable y le consiguió trabajo en un hotel de 5 estrellas en el que no solo fue bien recibida por la plantilla sino que, además, trabajando de cara al público, nunca se ha sentido incómoda: "Una vez un cliente me dio las gracias por ser yo. ¡Y encima me dio 20 pavos de propina!".

Ale, retratada en la Cadena SER. / JAVIER J. BAS

Ale cree que el hecho de trabajar en la hostelería de alto nivel le valida de cara a los clientes, pero cree que aún queda mucho por hacer. ¡Dentro y fuera de España! Solo hay que fijarse en las experiencias de Shairazi Bahari o Alex di Francesco. Incluso en el mismísimo barrio de Chueca donde, según Ale, reina el "gaycapitalismo".

Menos mal que en Madrid también hay refugios. Su preferido, el "bar transfeminista" La Mala Mujer, un lugar que describe como una especie de ventana al futuro y en el que, además de servir comida vegana, no consideran que el activismo esté reñido con la ironía. El titular de esta noticia, sin ir más lejos, ha sido idea suya.

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