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El dietario de Ramoneda

El honor es patrimonio del alma, pero no de la justicia

Josep Ramoneda comenta la posible extradición de Puigdemont, el polémico vídeo de Soraya Sáenz de Santamaría y la final del Mundial de fútbol entre Francia y Croacia

“Lo importante es que todos los involucrados en la causa del 1 de Octubre sean juzgados en España”. Esta fue la respuesta de Pedro Sánchez a la decisión alemana de conceder la extradición de Puigdemont solo por malversación. Algunos entendieron que era una floritura para salir del paso ante un contratiempo que dificultaría su política de distensión. Todo lo contrario. Lo que está pidiendo el presidente es que se admita la extradición, porque puede ser una oportunidad para reajustar la causa penal e ir apaciguando la vía judicial. Pero todo parece indicar que el juez Llarena no atenderá la insinuación de Sánchez y retirará la euroorden. Llarena ha convertido este debate en una cuestión de honor. Y el honor es patrimonio del alma, pero no de la justicia.

Un vídeo anónimo que presenta a Sáenz de Santamaría como una persona del pasado ha encendido la campaña del PP. Será juego sucio. Pero esto no quita lo evidente: que si alguien representa los años del rajoyismo, es Sáenz de Santamaría, urdidora entre otras cosas de la subrogación a la justicia de las responsabilidades políticas del gobierno en la cuestión catalana. El problema es que su adversario Pablo Casado va más atrás todavía, con Aznar como referente. Moraleja: con las cartas de hoy no hay lugar para la renovación en el PP.

Este domingo, Francia y Croacia protagonizarán una inesperada final del Campeonato del Mundo de fútbol. Hace 20 años, una selección de Francia obrera, rural, suburbial y poscolonial ganó su primera y única copa del mundo. Tal fue el clima de entusiasmo y de reencuentro nacional, que el ministro del Interior, el duro gaullista Charles Pasqua, llegó a prometer la regulación masiva de los extranjeros en situación irregular. De Gaulle lo habría hecho, dijo. Veinte años después la selección es tan pigmentada como entonces, pero los efectos de la crisis, del terrorismo y del neoautoritarismo han borrado cualquier ilusión integradora. Enfrente, Croacia. Hace 20 años acababa de recuperar su integridad territorial, después de declarar la independencia en 1991 y de afrontar una guerra que tardó cuatro años en ganar. Ahora es el finalista sorpresa que pide reconocimiento y respeto para los modestos en una Europa en la que quepamos todos. La foto de mañana poco se parecerá a la del Francia-Brasil de hace veinte años.

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