¿Cómo es viajar solo a Europa en cayuco siendo menor?

Mamadou Madou, como tantos otros migrantes, llegó solo a España y se encontró una realidad muy distinta a la que soñaba

Esta tarde se ha reunido por primera vez en dos años la conferencia sectorial de la inmigración con atención a los menores no acompañados. Las organizaciones de infancia, especializadas en la defensa de esos niños que viajan solos, exigen que se pongan en marcha unas políticas más coordinadas, especialmente en la reubicación de estos menores desde Andalucía, donde las plazas están saturadas, al resto de comunidades y que se garanticen unos derechos más dignos.

Mamadu Modou es una de las historias que hay detrás de esos "repartos": llegó en cayuco a Canarias como menor y la realidad que se encontró era mucho más dura de lo que hubiese podido imaginar, una historia de reubicaciones constantes y kilómetros que ha terminado en Cádiz donde ahora trabaja en un puesto de cocinero en un centro de migrantes, allí ayuda a los que como él, llegaron a España buscando un futuro. 

Cuando salió de Senegal, en 2006, se encontró un mundo de dificultades: no podía trabajar porque era menor y no tenía papeles, tenía que girar constantemente de centros de acogida temporales e incluso hubo un tiempo que se vio solo en la calle. "Cuando llegué, en esa época, había muy mala organización. Por ejemplo, al principio, me metieron con gente adulta. Estuve mucho tiempo girando entre centros provisionales". Sus expectativas eran, como de tantos otros, de una vida mejor. "Pensaba que al llegar aquí me ayudarían a estudiar o a trabajar ya que tenía 15 años, no estaba informado de la documentación que necesitaba. Pensaba que todo era bonito como en el cielo", ha explicado Madou.

Cuando aún vivía en su país trabajaba en una pequeña tienda y fue su padre el que lo animó a venir a España a través de un amigo que tenía un barco y podía conseguirle una plaza. "Mi papá me animó a vivir a España porque llega un momento que quieres buscar algo mejor y quieres arriesgar. Yo tenía 15 años y no era consciente del peligro, y él tampoco", ha añadido. 

Durante el viaje las cosas se complicaron y el trayecto se alargó más de lo esperado."Éramos cien en el cayuco y tres murieron durante el viaje de ocho días hasta Canarias. Era muy duro, fue más largo de lo esperado, teníamos agua solo para tres días. Llegué a pensar que moriríamos todos. Hay gente que murió por el sufrimiento de no comer, que no aguanta", nos ha contado Mamadu.

Pero, a pesar de llegar a España y de cruzar kilómetros en reubicaciones en todos estos años, terminó en Cádiz donde una organización lo acogió para formarlo y le ofreció un puesto de cocinero en un centro en el que ahora ayuda a otros migrantes entre los que convive. "La situación que veo ahora es que las cosas han cambiado un poco, los que llegan aquí, donde yo trabajo, están bien acogidos, tienen ropa y comen bien. Hace diez años esto era una ruina".

Además, ahora desde su posición, no solo cocina y a da de comer a estas personas, sino que les advierte y aconseja de la realidad de la decepción de lo que un día fue un sueño y que puede convertirse en un infierno. "Les cuento que la realidad aquí es muy dura", dice, porque cree que es la manera de ser más justo. 

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