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Los libros de caballerías castellanos

Los libros de caballerías conforman un género literario que cosechó un gran éxito en los Siglos de Oro. Buenas muestras de ello son el número de textos que lo conforman, alrededor de ochenta títulos, y su vigencia a lo largo de más de una centuria

El género de los libros de caballerías castellanos se desarrolla cronológicamente entre comienzos del siglo XVI y los primeros decenios del XVII. Podemos situar su nacimiento y ocaso en los años 1508 y 1623 respectivamente. En 1508 ven la luz los cuatro libros de Amadís de Gaula, de Garci Rodríguez de Montalvo, obra fundacional y modelo a seguir en sucesivas obras caballerescas. En cuanto a 1623, es el año que marca el final del género, puesto que es la fecha a partir de la cual podemos datar la Quinta parte del Espejo de príncipes y caballeros, último título de caballerías que conocemos.

El público aficionado a los libros de caballerías lo encontramos en todas las capas sociales: reyes, nobles, burgueses o clases medias, hidalgos, letrados, artesanos, mercaderes y miembros de las clases más humildes. Como indica Páez de Ribera en su Florisando (1510), las obras caballerescas son leídas por “personas de diversas calidades, ansí de hombres como mugeres, ansí del palacio como del vulgo”. Al hilo de la referencia al público femenino, cabe destacar la gran afición de las mujeres a los libros de caballerías, a pesar de las críticas de los moralistas, que recomendaban la lectura de obras de carácter religioso, las cuales consideraban más edificantes. En cuanto a los jornaleros y labradores, a pesar de su alto grado de analfabetismo, tenían acceso a los textos caballerescos a través de la lectura en voz alta. 

Entre los lectores de libros de caballerías podemos citar a figuras tan conocidas como Carlos V, Isabel de Valois, Alonso Osorio, VII Marqués de Astorga, o Fernando de Rojas, autor de La Celestina. Asimismo, los conquistadores y las gentes que pasaron al Nuevo Mundo llevaron en sus equipajes libros de caballerías con los que entretener las largas y penosas travesías.

Respecto al contenido de los libros de caballerías, a pesar de que la enorme riqueza del género nos impide reducirlo a un único patrón formal, podríamos indicar que, en líneas generales, relatan la biografía del héroe, articulada en torno a dos ejes: caballeresco y amoroso. Tras su investidura caballeresca, el protagonista inicia su vida adulta. En ella ocupan un lugar fundamental los amores con una hermosa dama. La pareja debe superar la ordalía amorosa que deje patente que son los más leales amadores. Las numerosas aventuras bélicas y maravillosas a las que se enfrenta el protagonista hacen que la acción fluya a un ritmo vertiginoso.

Entre las páginas de los libros de caballerías también hay espacio para la historia. Sin embargo, el marcado carácter fantástico de los textos caballerescos ha oscurecido el trasfondo histórico presente en ellos. Para los lectores contemporáneos, las alusiones históricas que se encuentran en los libros de caballerías debían de ser fácilmente reconocibles, puesto que remiten a su realidad contemporánea o a su pasado más reciente. En efecto, en los libros de caballerías podemos encontrar desde acontecimientos acaecidos en la época en que se componen las obras hasta la exaltación de la fe católica o el retrato en clave de personajes históricos.

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