El dietario de Ramoneda

La necesidad de cambio de estrategia es un clamor

Josep Ramoneda analiza las reacciones a las palabras de Torra en la conferencia de ayer, el nuevo papel político de Ciudadanos y las declaraciones de Colin Crouch en una entrevista en La Vanguardia

La conferencia de Torra ha dejado en la perplejidad a una buena parte del independentismo que no entiende el inmovilismo del presidente. La necesidad de cambio de estrategia es un clamor. Basta leer algunas columnas de la prensa catalana con peso en el soberanismo para constatarlo. Y Joan Tardá, que tiene la virtud de hablar claro, lo ha dicho sin rodeos: “Si algún independentista ingenuo o estúpido plantea imponer la independencia está equivocado. No hay solución al conflicto sin tener en cuenta al 50% de catalanes que no son independentistas y no hay solución sin tener en cuenta al 50% de catalanes que lo son".

Desde Bruselas, su segunda casa, Torra insiste: “Si las sentencias no son absolutorias, el pueblo deberá decidir”. Teniendo en cuenta que el pueblo no es un ente abstracto sino una suma de ciudadanos, solo puede entenderse como un anuncio de elecciones para cuando los jueces se pronuncien.

Después del fiasco de su campaña de arrancada de lazos amarillos, que ni siquiera ha atraído al PP, Ciudadanos busca ahora desplazar la atención hacia Andalucía, forzando elecciones anticipadas. El activismo callejero les puede costar caro: buscar la confrontación es algo que no gusta a las clases medias, genera miedo. Desde la moción de censura, que le pilló en fuera de juego, a Ciudadanos se le ve sin rumbo. Ante un PP envejecido, quizás parecía ser más de lo que en realidad es.

Dice Colin Crouch en una entrevista en La Vanguardia: “Las clases medias pierden peso y por eso buscan más identidad”. Y se puede añadir: los gobernantes cada vez más impotentes frente al poder económico buscan calmar las ansiedades de estas clases medias con autoritarias soluciones imaginativas. La última la ha aportado el gobierno de la derecha danesa: quieren obligar por ley a dar la mano para obtener la nacionalidad. Ridículo, ¿les dictaran también lo que tienen que comer? El paraíso nórdico abandona sus modales y se apunta a la islamofobia para regalar chivos expiatorios al malestar de sus ciudadanos. De pena.

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