La firma

¿Qué fue de la senyera?

El independentismo celebrará el éxito hoy de una concentración que será sin duda multitudinaria, pero deberían tener la curiosidad de averiguar en qué momento y por qué dejó de ganar nuevos adeptos

En este 11 de septiembre no creo que pueda decirse nada más ilustrativo y emocionante que lo que ayer escribía Rosa Cullell en El País. Su vocación de lo que significaba la Diada en los albores de la democracia y su sentido unitario es material de primera clase para la reflexión. Según lo leía iba reparando en algo sobre lo que no me había preguntado en estos años de procés. ¿Qué ha sido de la senyera?

La senyera se ha convertido en una especia de abuela que molesta, que hay que esconder como si diera vergüenza, que ya no se puede mostrar en los balcones. Primero la prohibió el franquismo y ahora se la trata como la malquerida en su propia casa, como traidora a su propia causa, arrumbada como un trasto viejo en el desván de lo oficial. “Enarbolémosla en señal de hermandad”, eso escribió Joan Maragall y eso canta el Orfeo Catalán.

El independentismo celebrará el éxito hoy de una concentración que será sin duda multitudinaria, pero deberían tener la curiosidad de averiguar en qué momento y por qué dejó de ganar nuevos adeptos, cuándo y por qué se frenó un crecimiento que estaba siendo espectacular, seguro que la senyera empezó a ser ninguneada por las mismas fechas.

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