CASO MÁSTERLa Fiscalía se opone a investigar a Pablo Casado en el Supremo

La opinión de Carles Francino

Diada de reflexión

El problema se va a quedar como una enfermedad crónica y la única esperanza es el tiempo, que dicen que lo cura todo

Hace un año, a esta misma hora, abríamos “La Ventana” en Barcelona, en pleno paseo de gracia, con miles y miles de personas en la calle reclamando la independencia de Catalunya. Y con un Parlament que pocos días antes había decidido saltarse la ley a la torera. Desde entonces han pasado un montón de cosas. La pregunta es: ¿cómo estamos hoy? Muy cansados del tema, ya lo sé. ¿pero estamos mejor, peor..? Pues yo creo que depende, pero voy a intentar desarrollarlo un poquito más.

No se apuren que no les doy la brasa, ¿eh? Sólo un par de ideas. La primera, muy importante: los cambios en el paisaje político. No está Puigdemont, pero como si estuviera porque Quim Torra acepta encantado el papel de vicario. No está Rajoy, está Sánchez, pero en ese caso no es lo mismo. Porque el diálogo, aunque a nivel muy básico, ha regresado. Y esa creo que es una buena noticia; la mala es que ni el partido popular ni ciudadanos están dispuestos a ceder ni un ápice por esa vía. Las nuevas invocaciones a que se aplique el artículo 155 o la imagen de Albert Rivera retirando lazos amarillos en plena calle son los símbolos máximos de esa estrategia. Claro que con líderes políticos en prisión preventiva seguirá habiendo lazos y estará bloqueada cualquier salida, porque tener a esa gente en la cárcel huele más a voluntad de escarmiento que no a las ganas de impartir justicia. Y además da munición a los hiperventilados, aunque sepan que la vía unilateral ensayada hace un año no conduce a ninguna parte.

Por lo tanto, conclusión: ¿estamos mejor o peor? Hombre, yo creo que hace un año por estas fechas más de uno temíamos que el conflicto se disparase a niveles insoportables; y eso no ha ocurrido. Entre los catalanes hay división, hay mal rollo, hay tensión a veces –negarlo es absurdo- pero no se vive ese ambiente de pre-guerra civil que algunos apocalípticos tratan de vender en el resto de España; para nada.

Resumiendo: que no se vislumbra ninguna solución perfecta, ninguna solución redonda. Que el problema creo que se va a quedar como una enfermedad crónica. Y que la única esperanza es el tiempo, que dicen que lo cura todo.

Sé que no es mucho, pero yo –sinceramente- lo veo así.

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Cadena SER

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