Los bonitos sueños y la fea realidad

En el sueño aparecían los dirigentes liberados de ERC rompiendo con Torra y facilitando el diálogo con el Gobierno de Madrid

Los bonitos sueños y la fea realidad José María Izquierdo

Dos sueños ha tenido el Ojo en estas últimas horas. El primero, que los jueces más supremos, con sus togas y sus puñetas, habían decidido hace días dejar en libertad a los políticos catalanes que llevan más de 10 meses, pocas bromas, en el talego. Así que las calles de Barcelona habían mostrado ayer, en la celebración de la Diada, un aspecto muy distinto al que todos vimos, y esas riadas de personal, aunque todavía multitud, raleaban en las esquinas, ayuno el personal de pancartas y lazos amarillos que llevarse al coleto. En el sueño aparecían los dirigentes liberados de ERC rompiendo con Torra y facilitando, primer paso hacia una prometedora nebulosa, el diálogo con el Gobierno de Madrid. Y aún otro ensueño. En un escenario lleno de gaviotas, el joven Pablo Casado, recién elegido mandamás de la derecha, se dirigía a los españoles para anunciarles que dimitía de su recién estrenado cargo, porque con ese máster chungo que investigan los tribunales, no quería dañar a su partido. Y el PP, casi 8 millones de votos y 137 diputados, mostraba así que su nivel de vergüenza, decoro y responsabilidad política no era inferior al que han mostrado el PSOE y la exministra Montón -una lástima, porque apuntaba buenas maneras- al irse a su casa. Pero los sueños, ya se sabe, siempre se esfuman ante la pétrea realidad.

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