LA SUBIDA DE LA LUZLa ministra Teresa Ribera comparece en la Comisión de Transición Ecológica

La firma

La dimisión

Los partidos, feroces en sus denuncias, se están viendo a obligados a tomar la purga que recetaban a los demás

La dimisión de la minsitra de Sanidad era inevitable. Los partidos, feroces en sus denuncias, se están viendo a obligados a tomar la purga que recetaban a los demás y vamos dejando atrás años de vergonzosa tolerancia; pero eso sí, a la española. No por constricción, es decir por convicción o arrepentimiento: la ministra no reconoció la menor irregularidad, sí por atrición; es decir, por miedo a las consecuencias.

Cada caso eleve el nivel de exigencia y compromete al siguiente. El caso Cristina Cifuentes comprometió a Carmen Montón. ¿Comprometerá a Carmen Montón a Pablo Casado? Pues debería, pero creo que no ocurrirá. Casado es un desacomplejado que además no teme al ridículo, recuerden su sketch de viva el rey. Y su partido, todavía en fase de cicatrización, están como los monos japoneses de Toshogu: ni ven, ni oyen ni dicen.

Una segunda lectura de la noticia. El Gobierno de Sánchez está encadenando sobresaltos, resbalones, rectificaciones. Se diseñó con la intención de llegar al final de la legislatura, incluso de trascender más allá, pero no parece que el tiempo está jugando a su favor. Todo lo contrario. Su salida fulminante le reportó un gran botín en expectativa de voto y dada su debilidad parlamentaria lo mejor hubiera sido convocar elecciones una vez marcadas sus intenciones con sus primeras iniciativas. No hacerlo así fue un error y el error se agravará cuanto más tarde en convocarlas.

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