Decisión tardía, pero histórica

Josep Ramoneda reflexiona sobre la aprobación en el Congreso de la salida de Franco del Valle de los Caídos, la venta de armas a Arabia Saudí y la situación del independentismo catalán

El parlamento repara por fin una anomalía histórica, aprobando la salida de Franco del Valle de los Caídos y la derecha dice que no había urgencia alguna para hacerlo. Desde luego después de 40 años ya no viene de un día, pero ya que estamos en ello que no pase más tiempo. Lo que la derecha tiene que explicar y no lo hace es a quién tiene miedo de ofender para no poder hacer piña con todos los partidos democráticos al tomar esta decisión tardía, pero histórica. De las otras prioridades, de las incompetencias del Gobierno puede hablar todos los días del año. Hoy tocaba votar una cosa muy concreta: que un dictador no tenga un mausoleo un país democrático. La derecha se ha abstenido, porque quiere tener un pie en cada lado. La estela del franquismo le sigue acechando.

Días atrás, el periodista Fernando Onega comentaba la terrible disyuntiva en la que se encontraba el Gobierno en el comercio militar con Arabia Saudí: “¿Vendemos armas que pueden matar personal civil a cambio de mantener miles de puestos de trabajo en la industria naval?" Hoy ya sabemos que se ha impuesto la llamada razón de Estado, a la que se acude cuando se toma una decisión moralmente difícil de defender. Los dirigentes saudís, que sólo conocen el lenguaje de los intereses, han blandido represalias y España ha claudicado, al fin y al cabo las potenciales víctimas yemeníes u otras quedan muy lejos. Si difícil de asumir es la decisión, peor es el argumento con el que el Ministro Borrell nos lo ha querido endulzar: “las bombas de precisión pueden precisar muy bien sus objetivos, sin provocar efectos colaterales”. Apaga y vámonos.

El independentismo va tomando conciencia de que hay que romper el bucle melancólico y resistencial en que está instalado. Pero, de momento, nadie tiene la autoridad y el coraje de pasar de las insinuaciones a los hechos. El cambio de estrategia se hace esperar, con los partidos independentistas vigilándose por el retrovisor, atentos al ruido de fondo que emana de las redes. ¿Quién será el primero en perder el miedo?

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