No jueguen a pelearse

Josep Ramoneda analiza la pelea desatada por la publicación de la tesis de Pedro Sánchez, la definitiva venta de armas a Arabia Saudí y unas palabras del escritor francés Éric Vuillard

La pelea de las tesis y los másteres empieza a ser ya bochornosa. Hubo un caso y se resolvió: cayo la Ministra de Sanidad. Hay otro caso pendiente, el de Pablo Casado, que sigue escondiendo sus papeles. Entrar ahora en una caza de brujas curricular es ridículo. Rivera creyó que recuperaba protagonismo con una embestida contra la tesis de Pedro Sánchez. Y no habrá servido para mucho más que para cabrear al presidente. ¿Qué quiere demostrar Ciudadanos? ¿Que la tesis es mala? ¿Tendría algún valor político? De momento Rivera solo ha conseguido que también se hurgue en su currículum. Paren ya. Cuando haya casos con acusaciones claras y fundadas, denuncien, pero no jueguen a pelearse porque la mala fe no engrandece. Y en este momento el caso que está en escena, con jueces por medio, es el de Pablo Casado. Lo demás es penoso espectáculo. No es así como la política recuperará el prestigio perdido.

No busquen en los muertos la justificación para un negocio con instrumentos que matan. El Gobierno ha decido vender bombas a Arabia Saudí. Si se fabrican armas es para venderlas. Era noble la intención de no vender bombas a un país que acababa de producir una matanza de niños en Yemen. Pero el Gobierno se asustó, porque Arabia Saudí tiene petróleo, dinero, fuerzas de choque y capacidad de intimidación. Y ha decidido vender por miedo a represalias. Es así de descarnado y es inmoral querer endulzarlo. Ayer fue Borrell, hoy ha sido la Ministra Celaá, actuando de portavoz del gobierno: “las bombas son de láser de alta precisión y no se van a equivocar matando yemeníes.” Primero: Yemeníes o no, a alguien matarán. Segundo: ¿qué sabemos sobre a quién quiere matar Arabia Saudí? Entiendo que es una decisión difícil de asumir, pero tratar de blanquearla es pura hipocresía.

Dice el escritor francés Éric Vuillard, autor de “El orden del día”: “Ahora los ricos ya no necesitan al pueblo”. Y añado: precisamente por esta razón el pacto democrático está en peligro. Las clases populares han perdido capacidad de intimidación. La clase obrera hace tiempo que no tiene el poder que tuvo. Y el dinero no siente la necesidad de hacer concesiones. ¿Cómo empoderar a la ciudadanía? Esta es la cuestión, si queremos seguir hablando de política democrática.

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