Ajedrez

Si la ley protege la privacidad de la tesis de Sánchez y el diario ABC afirma que dispone de una copia que ha analizado exhaustivamente, el único presunto delito que nos consta es el cometido por dicho periódico

El principal defecto de los malos jugadores de ajedrez es que sólo piensan en sus peones y no se fijan en los del enemigo. Los buenos jugadores de ajedrez ven el tablero entero cada vez que lo miran, y saben que nunca ganarán si no son capaces de valorar al mismo tiempo su posición y la de su rival. Esto viene a cuento de la bronca parlamentaria de anteayer y las consecuencias que puede acarrear para Albert Rivera, presunto beneficiario del rifirrafe. Mientras lucha a muerte con Pablo Casado por cada voto de la derecha, cuyo monopolio espera arrebatarle para impulsarse hacia el poder, Rivera sólo ve su mitad del tablero. Tal vez piense que la otra no le interesa, pero se equivoca. En el campo rival, sobre una alfombra de confetis y serpentinas que a nadie se le ha ocurrido barrer, porque la fiesta no ha terminado todavía, la pelea a navajazos que ha emprendido con Sánchez puede acabar dándole más disgustos que alegrías electorales. La euforia de los propios peones es un mal negocio cuando su efecto consiste en enfurecer y cohesionar a los peones de enfrente alrededor del candidato más fuerte. Y si la especialidad del rival es resucitar, dejarse morir para renacer de sus cenizas con más vida cada vez, la jugada resulta aún más dudosa. Descendiendo del ajedrez a la realidad, sólo sabemos una cosa con certeza. Si la ley protege la privacidad de la tesis de Pedro Sánchez y el diario ABC afirma que dispone de una copia que ha analizado exhaustivamente, el único presunto delito que nos consta es el cometido por dicho periódico. Tal vez, algún fiscal estará tomando nota.

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Cadena SER

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