Hablamos de Franco porque lo tenemos delante

Las reparaciones simbólicas nunca tuvieron correspondencia con la mayor de todas: todo se hace bajo la presencia de una cruz que señala como un letrero luminoso los restos del dictador

Hay pocas cosas más urgentes que lo lleva toda la vida esperando. Hemos escuchado a Nicolás Sánchez Albornoz, que logró escapar del Valle de los Caídos y fue luego, en democracia, el primer director del Cervantes. Algo que me recuerda a cuando Felipe González hizo ministro a Jorge Semprún y le dijo que lo hacía para que los mismos que lo perseguían, ahora se le cuadrasen. Esas reparaciones simbólicas nunca tuvieron correspondencia con la mayor de todas, todo se hacía, y se sigue haciendo, bajo la presencia de una gran cruz que señalaba como un letrero luminoso los restos del dictador. Por eso es urgente y necesario.

“Es que no hacemos más que hablar de Franco”. Mire, porque lo tenemos delante. Sáquelo de ahí, y dedique sus abstenciones y sus reproches a echarlo de menos, si quiere, como se merece: en un cuartito oscuro en el que se sepa que en España hasta el dictador, jefe de los que perseguían, ahora también se cuadra.

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