Diez años después, ¿todo sigue igual?

Una burbuja de excesos financieros acabó explotando en 2008 con la caída de Lehman Brothers. El precio que pagamos fue muy alto y la crisis económica que se desató aún nos sigue pasando factura.

Una burbuja de excesos financieros acabó explotando en 2008 con la caída de Lehman Brothers. El precio que pagamos fue muy alto y la crisis económica que se desató aún nos sigue pasando factura.

Fue la mayor crisis económica en décadas y su sombra todavía se refleja en nuestros bolsillos. Ocurrió hace diez años, el 15 de septiembre de 2008 el banco de inversión Lehman Brothers colapsó desencadenando un gran temblor en el sistema financiero mundial. Aquel día el mundo se enfrentaba a la mayor crisis económica desde el Jueves Negro de 1929 que dio origen a la Gran Depresión. Una crisis que, como un virus, se ha extendido en la economía de millones de hogares y para el que todavía no se ha encontrado vacuna. Aquel 2008 fue como una guillotina para millones de ciudadanos estadounidenses y europeos que se quedaron sin hogar y fueron perdiendo paulatinamente poder adquisitivo.

El impacto de la crisis en la economía española fue especialmente dañino. España ha sido el país en donde se ha destruido más empleo a lo largo de estos años (más de 3 millones), donde más dinero se ha esfumado por rescatar a los bancos y también en donde más ha aumentado la desigualdad. 10 años de la caída de Lehman Brothers, un aniversario doloroso que nos obliga a preguntarnos: ¿qué hemos aprendido?

Gracias a la ceguera o a la incompetencia de nuestras autoridades y del Banco de España no hemos encontrado la vacuna que nos ayude a mejorar. Reformas financieras mediocres, productos financieros tóxicos, evasión fiscal o la masiva destrucción de puestos de trabajo siguen siendo los protagonistas. Por no hablar del engaño de la mal llamada “austeridad” que ha sido una estafa más que no ha conseguido disminuir el gasto público y que además nos ha empobrecido. Si de verdad hubiera habido intención de mejorar las cosas se habrían comenzado por reducir gastos como el militar o se habrían eliminado las ventajas fiscales que tienen los más ricos, por ejemplo. El pesimismo alimenta a millones de ciudadanos que se enfrentan cada día a este oscuro túnel en el que seguimos diez años después y que nos ha dejado elevadas tasas de desempleo, disminución de los servicios sociales y una merma de nuestro poder adquisitivo.

“Las cosas no han mejorado y lo que es peor, las desigualdades son cada vez mayores”. Una frase que está en boca de muchos, basta conversar con amigos, con jubilados o darse un paseo por nuestros barrios para charlar con la gente. Urge poner fin a esta situación para salir de la indignación y el cabreo generalizados. Así lo muestran los testimonios de algunos vecinos del barrio madrileño de Quintana (distrito de Ciudad Lineal), un barrio obrero (como cualquier otro) en donde la precariedad se ha convertido en un modo de vida, sienten que esta economía despiadada se ha olvidado de los que menos tienen.

Una década después queda mucho por hacer aunque parece que a nuestros dirigentes se les ha olvidado, andan últimamente muy entretenidos con aquello de los másteres…

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