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Bram Stoker y su Drácula

Muchos escritores son conocidos por su la larga producción literaria y otros por una sola obra. Bram (Abraham) Stoker estaría en esta última categoría a pesar de que fue un prolífico autor irlandés, autor de dieciocho novelas y algún que otro libro de ensayo como Famosos Impostores que analiza la vida de unos cuantos que quisieron hacerse pasar por lo que no eran y acabaron como acabaron

El irlandés Abraham pasó sus primeros años en cama mientras su madre le contaba toda clase de cuentos fantásticos. Enfermizo e inválido desde su niñez, no pudo sostenerse en pie ni caminar hasta que cumplió 7 años, algo que espoleó su afán de superación y marcó su personalidad, porque luego se convirtió en un destacado atleta y futbolista de la universidad de Dublín. Eso por no mencionar que la familia vivía junto al cementerio de los no cristianos, de aquellos que se suicidaban, cuyos cuerpos se solían enterrar con una estaca clavada en el pecho para que el alma no pudiese abandonarles. Macabro precedente que hubo de marcar al niño, sin duda alguna.

Bram cursó estudios en el Trinity College de Dublín, graduándose en 1867, en las disciplinas de Matemáticas y Ciencias. En el año 1876, conoce a Sir Henry Irving, el famoso actor inglés por quien Stoker sufrió una especie de extraña fascinación que llegó a condicionar su vida. Henry Irving le ofreció el puesto de secretario, así como la oportunidad de trabajar para el Lyceum Theatre de Londres en calidad de apoderado, aparte de realizar sus pinitos en adaptaciones teatrales. Trabajando para Irving –con quien estuvo 27 años de su existencia laboral-, conoció a una mujer de la que se prendó. Era la actriz Florence Balcombe (por cierto, que fue uno de los primerizos amores de Oscar Wilde, su paisano y compañero de estudios en el Trinity), con la que contrajo matrimonio en 1878, naciendo al año siguiente su único hijo Noel, ya que después del nacimiento de éste se abstuvo de mantener relaciones íntimas con su esposa (los rumores dicen que era frígida).

No deja de ser curioso que cuando Stoker publica su célebre novela Drácula, en 1897 (tenía entonces 49 años) Julio Verne había escrito cinco años antes El castillo de los Cárpatos que ambienta en lugares próximos a los del conde sanguinario. En ambas obras se busca la inmortalidad. En la novela de Stoker se desgranan ideas como que la sangre es el vehículo portador de vida y que la vida misma es una energía cuya cantidad es siempre constante y se distribuye entre los diferentes organismos, de modo que puede transferirse de unos a otros, base del vampirismo. La idea de escribir sobre el conde Drácula le vino a Stoker de una manera un tanto peculiar. Circula una divertida anécdota que hizo popular su hijo Noel al contar que a su padre se le ocurrió el argumento después de una indigestión de cangrejos aliñados lo que le provocó una inquietante pesadilla.

Claro está, que ya le venía dando vueltas al dichoso personaje el cual, en realidad, está inspirado en otros dos: uno en el nombre y sus crueldades (Vlad Tepes) y otro en cuanto a su costumbre de beber la sangre de sus víctimas (Abhartach)

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