"Todo empezó por el amor a la música"

La escritora estadounidense, Tara Westover, rescata los recuerdos de la relación con sus padres, extremistas mormones, y su proceso de aprendizaje en 'Una Educación'

El autobús escolar siempre pasaba por delante de su casa sin detenerse, aquello diferenciaba a su familia: ellos no iban al colegio. Nunca la llevaron al médico, sus padres no creían en la medicina tradicional: “Los médicos son enviados del diablo”, solían decir. Tampoco tuvo partida de nacimiento hasta los nueve años, su madre dio a luz a sus siete hijos en casa. Siempre supo que sus padres creían en un Dios distinto, eran mormones y por ello sus costumbres eran muy diferentes a las de otras personas. Aquella niña que creció en la libertad de las montañas de un pequeño valle de Idaho (Estados Unidos) ya es una mujer aunque el paso del tiempo no ha borrado los recuerdos de una infancia marcada a fuego por el fanatismo religioso o los duros trabajos en el desguace en el que trabajaban su padre y sus hermanos.

Portada de 'Una Educación' / Lumen

Tara Westover (Idaho, 1986) vivió una vida muy diferente a la de otros niños hasta que cumplió los 17 años y pisó por primera vez la universidad. Su deseo de aprender nació gracias a la música. Uno de sus hermanos mayores, Tyler, era muy aficionado a la música clásica, en su dormitorio se apilaban cientos de cedés con “palabras raras como Mozart o Chopin” y, atraída por aquellos nombres, se pasaba las horas imaginando las notas que contenían. Cada atardecer, después de duras jornadas de trabajo en el desguace, Tyler le dejaba elegir uno y, sentada en el suelo junto a él, disfrutaba de aquel maravilloso “murmullo de instrumentos”. La música le ayudaba a “volar” y a imaginar una vida muy diferente de la suya. En aquellas composiciones Tara encontró la motivación para abandonar la montaña y emprender otra vida, sin la música nada hubiera sido lo mismo. Un día decidió cambiarlo todo, recorrió sesenta y cinco kilómetros hasta la librería más cercana y compró una guía de estudio para preparar el acceso a la universidad. Empezó a estudiar por su cuenta álgebra, gramática y todo lo necesario para presentarse a los exámenes pese a que sus padres nunca lo aprobaron: ”Anuncié a papá mi intención de ir a la universidad y me respondió que el lugar de una mujer era la casa”. Su determinación fue el motor que le ayudó a preparar el examen de acceso y la lectura y los estudios la transformaron poco a poco. Un buen día recibió un sobre que cambió su futuro,  nunca habría imaginado la noticia que encerraba. Lo abrió con escepticismo y leyó la carta que contenía: la habían admitido en la Universidad Brigham Young (BYU). Se había producido un milagro, lo había conseguido.

Su padre, un hombre adicto a la religión y muy conservador, y su madre, una mujer sumisa, nunca entendieron la fascinación de su hija por los libros y tampoco le perdonaron que se alejara de la educación religiosa que le habían dado. El primer día que pisó la universidad el miedo y el odio hacia ellos empezó a disiparse, quería romper con su pasado y emprendió un camino sin regreso. Actualmente Tara no tiene ningún contacto con ellos, no se ven desde hace muchos años y mantiene una relación distante con sus hermanos. “Podéis llamarlo transformación, metamorfosis o traición. Yo lo llamo una educación”, afirma.

Su historia parece sacada de un cuento. Gracias a varias becas pudo graduarse en Arte en la BYU y se doctoró en Cambridge. Su historia podéis encontrarla en el libro Una educación (Lumen), un libro traducido ya en veintidós países y que se ha convertido en un auténtico fenómeno editorial. "Todo empezó una noche de domingo, recuerdo a mi padre descansando en el sofá con la Biblia abierta en el regazo y entonces logré pronunciar tímidamente la frase que me cambió la vida: papá, quiero ir a la escuela.”

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