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Ultimátum y diálogo, agua y aceite

Àngels Barceló reflexiona sobre la comparecencia de Torra en el Parlament en la que pide una propuesta de referéndum de autodeterminación antes de noviembre para seguir apoyando al Gobierno de Sánchez

El independentismo está desnortado. Lo que pasó ayer fue un claro ejemplo del fracaso de una estrategia basada en la perpetuación de un engaño. Las llamadas a la movilización son continuas, a seguir apretando, como les decía ayer el Presidente Quim Torra, a los CDR's. Pero manifestarse... ¿para qué? Para reivindicar ¿qué? Apretar... ¿con qué objetivo? Ayer, el propio Torra fue abucheado a la salida del Parlament, los que allí estaban le piden más.

Se escenificó también, como nunca, la división que hay dentro del independentismo, como se ha escenificado el doble discurso que Torra insiste en mantener para evitar, precisamente, los abucheos como los de ayer. Esta mañana con una pirueta parlamentaria mediante la cual aceptan la suspensión de los diputados encarcelados y huidos, pero la disfrazan de desobediencia. Hoy los independentistas han aceptado la suspensión ordenada por Llarena, sin rechistar, porque lo de que otros diputados voten por ellos está contemplado en el propio auto de Llarena.

Y, luego, la sesión de la tarde, con ese ultimátum a Pedro Sánchez. Si antes del 1 de noviembre no hay una propuesta del gobierno central para ejercer el derecho de autodeterminación que sirva para desbloquear el conflicto soberanista, Torra amenaza con dejar de apoyar a Sánchez en el Congreso en Madrid. Torra sabe que lo que le pide al Presidente del Gobierno es una ilegalidad. Otra trampa de su discurso al que adorna con peticiones de diálogo. La verdad es que ultimátum y diálogo son como agua y aceite.

El ultimátum de hoy solo puede entenderse tras los abucheos de ayer y el desconcierto de los independentistas, que Torra conoce perfectamente. Quiere seguir alimentando la fantasía mientras cumple con las leyes y vende dureza. Torra debería saber que hacer política no significa traicionar a nadie, pero claro ¿cómo lo va a saber él que es un activista? Torra y Puigdemont le pidieron a la gente que se pusiera manos a la obra que ellos se quedaban con la retórica y la gente se lo ha tomado al pie de la letra. Tienen un problema.

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