Amenazas para disimular la impotencia

Josep Ramoneda analiza el discurso de Torra en el Parlament, en el que ha dado un ultimátum al Gobierno de Pedro Sánchez, y avisa del peligro del avance del autoritarismo

En los nueve meses que han pasado desde su resurrección en las elecciones del 21–D, la posición del independentismo se ha deteriorado sensiblemente por la incapacidad de sus dirigentes de liderar un cambio de etapa. El discurso de Torra en el Parlamento catalán ha levantado acta del desconcierto. Afirmar que “una condena a los presos legitimará la independencia de Cataluña” es mantener una expectativa que cualquier persona sensata sabe que no está en el orden del día. Amenazar al gobierno socialista con “retirarle el apoyo parlamentario si en noviembre no hay una propuesta para ejercer de manera pactada la autodeterminación de Cataluña” es un brindis al sol. Todo el mundo sabe que no la habrá y que queda mucho camino que recorrer antes de llegar a pactos de gran calado. Una vez más el recurso a las amenazas para disimular la impotencia de fondo. ¿Con qué objetivo? Simplemente, aguantar.

No se puede gobernar sin autoridad. Y menos en situaciones difíciles. Y Torra nunca la ha tenido. Él mismo se despojó de ella cuando se presentó como presidente vicario de Puigdemont. El independentismo necesita un líder con autoridad para salir del atolladero. Y me temo que si lo hay está en la cárcel.

Enfrente, a Casado le crece la amenaza de un Aznar envalentonado que quiere convertirle en vicario suyo. El nuevo líder del PP llama a la represión pensando que de este modo se hará mayor ante los suyos y solventará su déficit de autoridad. El desconcierto del independentismo es una oportunidad para abrir la vía política. Sánchez lo sabe y lo intenta. Pero no encontrará la complicidad de la derecha que solo le interesa aprovechar la circunstancia para poner al presidente contra las cuerdas. De Torra a Casado son demasiados los que confunden hacer política con jugar a hacer política. Sartre le puso nombre: la mala fe.

Por lo demás, ojo al mundo que viene. Dos detalles que sí tienen importancia. En Italia, detienen al alcalde de Riace, contramodelo de Salvini en la atención a los inmigrantes. Y en Macedonia, Putin hace fracasar un referéndum que apoyaba Estados Unidos. ¿Quién manda hoy? El autoritarismo avanza sin parar. Quien avisa no es traidor.

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