Peor que una broma

Josep Ramoneda reflexiona sobre el caótico día en el Parlament de Cataluña en el que se han evidenciado las diferencias entre ERC y JxCat y las dimisiones que acechan al Gobierno de Macron

Algún día Esquerra Republicana se cansará de aguantar con discreción que Puigdemont y los suyos sigan negando lo que es evidente. Pero el espectáculo caótico del parlamento catalán con el independentismo incapaz de resolver sus desacuerdos en la sustitución de los diputados procesados, y las ocurrencias del presidente Torra, no dignifican al soberanismo. Torra rebota a cuarenta líderes mundiales, Trump y el Papa incluidos, una carta dirigida a Pedro Sánchez en la que pide mediación para negociar un referéndum. Es peor que una broma. Es ridículo. Una ingenua exhibición de incapacidad para llegar a los focos de poder, que ni siquiera puede impresionar a los más convencidos. Con combustible de tan baja calidad, es un misterio que la llama del independentismo siga tan viva.

Y sus adversarios no le van a la zaga. Con su numerito subiendo al estrado del parlamento catalán con una bandera española como muleta, Inés Arrimadas dio la razón al nacionalismo identitario que tanto critica. También para ella la cuestión catalana es un conflicto de banderas, es decir, de identidades nacionales. Simetría patriotera. Qué fácil es ver la paja en ojo ajeno y no ver la viga en el propio.

Frase para el aniversario de Me-too. Dice la escritora franco-marroquí Leila Slimani: “Con Me-too las mujeres tienen la impresión de constituir una fuerza colectiva”. Punto de partida necesario para el paso siguiente: una profunda transformación de las relaciones de poder entre humanos. La revolución del siglo XXI.

Leo en la prensa francesa: la macronia se tambalea. Y una pregunta se repite: ¿qué pasa con Macron que destacados ministros le huyen? Es uno de los peligros de estos movimientos construidos en torno a una sola persona. Si tienen éxito y además rápido como es el caso, quien había sido elegido como presidente de la República siente la tentación del monarca absoluto que igual puede humillar a un parado como cercenar el espacio de un ministro.

Dice el escritor catalán Raúl Garrigasait: “huir es el gesto moderno por excelencia”. Y añado: quizás para conocernos mejor todos deberíamos estar preguntándonos de qué huimos.

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