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Discrepancias de fondo

Josep Ramoneda analiza lo ocurrido hoy en el Parlament, en el que el independentismo ha perdido la mayoría por los desacuerdos entre ERC y JxCat, y el ascenso de la extrema derecha de cara a las próximas elecciones europeas

Carles Puigdemont se ha creído depositario de un liderazgo a distancia del proceso catalán que cada vez son menos los que le reconocen. Y quiere mantener a toda costa el control del independentismo. Poco le importa según parece que este pierda su mayoría parlamentaria, con tal de conservar su posición. A pesar de que la primera consecuencia ha sido inmediata: el independentismo ha perdido una votación que reivindicaba la autodeterminación de Cataluña. Numeritos como el de hoy evidencian las discrepancias de fondo: la lucha por la hegemonía dentro del independentismo y las diferencias estratégicas. Para los herederos de Convergencia sería un desastre que el proceso hubiese servido para que Esquerra Republicana les quitara la posición predominante. Y hurgan en el resistencialismo, a la espera de la sentencia judicial, sin reconocer los límites de las fuerzas del soberanismo. En el colmo del despropósito Puigdemont afea a Esquerra el temor a posibles “coerciones de la justicia”. El que se fugó mientras los otros se quedaban en casa. Y, mientras, la derecha española se niega a echar una mano al Presidente Sánchez para aprovechar la coyuntura y abrir una vía política.

En pleno ascenso de la extrema derecha las elecciones europeas del año próximo adquieren gran relevancia. El italiano Mateo Salvini y la francesa Marine Le Pen preparan ya una alianza de los partidos populistas de derechas para conseguir una posición determinante en el próximo Parlamento Europeo. Y, en este contexto, adquiere sentido la advertencia pronunciada por Roberto Saviano en París: “Mirad lo que ocurre en Italia y veréis vuestro futuro”.

Así no se puede seguir. El sociólogo alemán Wolf Lepenies manifestó ayer en Barcelona la urgencia de que la Unión Europea tome medidas contra los gobiernos que no respetan sus normas y valores fundacionales. Y si el principio de unanimidad que requieren las sanciones lo impide, Lepenies piensa que habrá que volver a empezar. Que Alemania, Francia y los demás países que lo deseen salgan de la Unión y funden una nueva con unas reglas claras y precisas de obligado cumplimiento. Y el que no esté dispuesto que se quede fuera.

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Cadena SER

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