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La Constitución no es una pócima mágica

La Constitución no es una pócima mágica que quepa arrojar a quienes contrarían a nuestro sistema. Los problemas no hay que taparlos, tampoco bajo la suspensión de la autonomía, sino que hay que resolverlos

La Constitución es el pacto de convivencia del que se dota una comunidad política, las reglas de juego por las que se quiere regir. La nuestra reconoce el pluralismo político y dota de un papel privilegiado a los partidos en nuestro sistema de representación democrática. Además, fundar y participar en un partido un derecho fundamental también reconocido por la CE. No puede defenderse, por tanto, la Constitución ignorando estas bases y pretendiendo ilegalizar a los partidos que piensan distinto al nuestro, incluso los que tienen una idea de España diferente a la nuestra, a no ser que vulneren otros derechos fundamentales para hacerlo.

Tampoco conocen la Constitución los que abogan por una aplicación sine diE del art. 155 CE. En primer lugar, porque el constituyente quiso que España fuera un estado descentralizado políticamente. Reconoce la unidad, pero también y seguidamente la autonomía política. Además, la Constitución no es una pócima mágica que quepa arrojar a quienes contrarían a nuestro sistema. Los problemas no hay que taparlos, tampoco bajo la suspensión de la autonomía, sino que hay que resolverlos y, para ello, hay que hacer política.

 

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