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Alcoa, Vestas y Cémex: goteo de cierres en la industria española

  • Los comités de empresa piden dureza ante las empresas que fabrican sus productos en otros países en los que las exigencias son mucho menores
  • Los trabajadores de todas las compañías piden que se vendan las plantas a inversores interesados
  • Analizamos con expertos el estado del sector en España

El sector industrial español afronta hoy algunos de los retos que marcarán su trayectoria durante las próximas décadas. Parte de mejor posición que la que tuvo cuando afronto la reconversión industrial que en los años 80 provocó una notable conflictividad social; pero los expertos advierten: no puede permitirse perder el tren que se aproxima a toda velocidad.

Alcoa

Con tres plantas en España, la empresa dedicada a la fabricación de aluminio ha anunciado el cierre de dos de ellas, las situadas en A Coruña y Avilés; una decisión que deja a 700 trabajadores en la calle. Alcoa asegura que el cierre se debe a cuestiones organizativas y de técnicas de producción; y señalan que la tecnología de las plantas está obsoleta. Un diagnóstico que no comparten los trabajadores, desde el comité de empresa aseguran que el motivo real que hay detrás del cierre de las plantas es otro, el precio de la energía.

Pancarta en Riazor en contra del cierre de Alcoa en A Coruña / Comité de empresa

Y sobre el argumento de la compañía que señala que la tecnología de la planta es obsoleta, el comité de empresa recuerda que Alcoa tiene otra fábrica de idénticas características en Noruega que trabaja a pleno rendimiento.

Juan Carlos Corbacho, presidente del comité de la fábrica de A Coruña asegura que la escalada de precios en la electricidad y la falta de alúmina en el mercado son los motivos reales tras el cierre, motivos económicos y no técnicos como asegura la empresa. “Alcoa no puede aludir causas económicas porque sabe que el expediente sería rechazado porque el grupo sigue teniendo beneficios en España”, asegura Corbacho, que pide ahora que se realice una venta transparente de la fábrica bajo la supervisión de administraciones y sindicatos.

Cémex

La empresa que produce materiales de construcción tiene siete fábricas de cemento en España de las cuales dos echarán el cierre, las situadas en Gádor (Almería) y Lloseta (Mallorca). Se irán a la calle 500 trabajadores a los que Cémex les dice que no son eficientes y que necesitan reposicionarse a nivel europeo. Los trabajadores son conscientes de que la compañía tiene pérdidas pero aseguran que no es el caso de estas dos fábricas que sí dan beneficios.

En el caso de Mallorca, el comité de empresa explica que Cémex no venderá su fábrica de Lloseta, sino que la convertirán en un centro de distribución, y es que la localización geográfica le interesa a la empresa. “El negocio del cemento en las islas atrae a mucha gente y en este momento quien lo domina es Cémex que no lo quiere perder”, asegura Villenç Villalonga, presidente del comité de empresa de la planta de Mallorca que advierte de que en un principio la producción se realizará en las otras fábricas españolas para ahorrar costes, pero que progresivamente se trasladará a otros países. Al igual que los trabajadores de Alcoa piden ahora que la fábrica se venda y no quede como un mero centro de distribución; y aseguran que hay ofertas de empresas interesadas en producir cemento en las plantas.

En Almería, concentración de UGT y CCOO contra el ERE extintivo en la fábrica de Cemex en Gádor. / Rafael González (EUROPA PRESS)

“No puede ser que en Europa nos auto impongamos unas condiciones y no hagamos nada con quien nos lo produce fuera, sin regulación… Y las multinacionales dicen: ‘Si aquí me va a costar menos y encima puedo contaminar, pues me voy de Europa’” advierte Villalonga que critica que se permita que las empresas puedan irse a producir fuera pero se sigan importando sus productos.

Vestas

El cierre de la planta de Villadangos del Páramo que fabrica piezas para aerogeneradores ha supuesto que 370 contratados se vayan a la calle; eso, sin contar a los 200 trabajadores temporales de los que la compañía ya prescindió a principios de verano. Los sindicatos calculan que el cierre la fábrica afecta también a otros 2.000 puestos indirectos.

Radio León / Cadena SER

Ahora la Junta de Castilla y León y los sindicatos buscan nuevos inversores a través de la Fundación Anclaje para que se hagan cargo de la planta. Desde el comité de empresa señalan que ya hay tres inversores interesados y que ya se ha filtrado el nombre de una de estas empresas: el fondo inversor Quantum Capital Partners.

La explicación de la multinacional a los trabajadores es que cinco de las líneas desaparecen, una queda obsoleta y las otras cuatro se deslocalizan. “Si Vestas se va de España seguirán vendiendo en el mercado español y europeo, no hay ninguna ley que lo impida”, como los trabajadores de Cémex, Juan Francisco García Cabezas cree que no se puede permitir que las empresas se trasladen a otros países con unas exigencias tanto en derechos laborales como medioambientales mucho menores puedan seguir vendiendo esos productos en Europa.

Los trabajadores de León advierten también a los de las otras dos factorías de la compañía, en Daimiel (Ciudad Real) y Viveiro (Lugo). “Como nos decían a nosotros también: Que no iba a pasar nada, que iban a des localizar líneas pero que íbamos a tener la producción suficiente, que aquí no iba a cerrar…”, señala García Cabezas que confía en que tengan mejor suerte aunque no cree en las palabras de la multinacional danesa.


El estado actual

Los datos destierran, en el corto plazo, el histerismo por la situación del sector industrial español. Los expertos insisten en señalar su evolución positiva en los últimos años. En 2017 las industrias españolas crecieron medio punto más de lo que lo hizo el conjunto de la economía, un 3,6% frente al 3,1%. “Ha crecido por encima de la economía (durante varios años), hasta este año, que crece igual y ha aumentado su productividad bastante más que el resto de empresas. Si queremos medir su competitividad solo tenemos que ver lo que exporta”, asegura Rafael Myro, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid.

“Creo que se produjo un proceso de reconversión industrial en los 80 que, aunque fue complicado en algunos momentos, ayudó a que la industria española sentara los pilares para lo que vino después”, explica el socio director de Analistas Financieros Internacionales, Diego Vizcaíno. Desde entonces la paulatina adaptación a los estándares de la Unión hizo mejorar poco a poco los datos del sector en sus ventas al exterior. Este año las exportaciones españolas han crecido un 4,2%.

Sin embargo, Vizcaíno recuerda que la progresiva adaptación abrió la puerta al mercado y a nuevos competidores y dinámicas. Empezaba a llegar el mundo que estaba por venir. “En los años 90 se fueron incorporando las industrias asiáticas” y en los 2.000 el sector pecó en exceso de orientarse hacia el ladrillo y no es ya que sufriera la crisis sino que todavía arrastra algunas de las estructuras que aquella situación llevaba aparejadas.

La movilidad total y el juego del capitalismo

La entrada de más competidores, la desaparición de las fronteras cuando se trata de dinero… En todos los casos, de Alcoa a Vestas, se trata de multinacionales cuyo tablero de juego se extiende a todo el planeta. “El mercado se caracteriza por una movilidad enorme y hay que estar preparado para eso”, añade el catedrático Rafael Myro. Mientras las empresas de menor tamaño están adscritas geográficamente a un sitio, los gigantes pueden trasladarse a donde les plazca.

Por eso, explica Vizcaíno, “es importante aumentar el tamaño medio de nuestras empresas, que es muy reducido en España”. El 95% de las compañías españolas tienen menos de 10 empleados, según un informe del Instituto de Estudios Económicos.

Sobre esa realidad, las grandes empresas echan cuentas para ver qué lugares abandonar y en cuáles instalarse atendiendo a la competitividad, que no significa que las que cierran sean plantas deficitarias, sino que se mueven para aumentar su ratio de beneficio. Pueden ser los costes laborales, los energéticos o la existencia de una tecnología que permita trabajar con mayor eficiencia y que todos los costes resulten menores. Para Myro el fenómeno de la deslocalización responde a fenómenos puntuales, pero Vizcaíno considera que no podemos infravalorarlo.

Con esas cartas en su poder, las multinacionales toman decisiones estratégicas, en ocasiones a meses o incluso años vista. En casos como el de Alcoa, el gobierno reprochó a la compañía la falta de inversión en las plantas de A Coruña y Avilés en los últimos años.

“Si eso se confirma y no hubo inversiones, se fue perdiendo capacidad para competir. Es lógico pensar que se había apostado por localizaciones alternativas, pero no ahora, sino desde hace ya tiempo. Viviendo mientras tanto del buen tratamiento en términos de tarifas eléctricas” argumenta el catedrático. Es decir, que la dirección de la multinacional podría haber esperado a agotar las ayudas del Estado en forma de bono eléctrico pese a tener decidido el cierre desde hace tiempo.

La caída de peso en el PIB y la calidad del crecimiento y el empleo

En las últimas tres décadas la aportación de la industria al Producto Interior Bruto español ha caído un 4%. Hoy trabajan en este sector 2,7 millones de personas, un 14% de los trabajadores de nuestro país; pero es un 6% menos que en 1995. La tendencia, no obstante, se ha repetido en muchos otros países desarrollados. Es lo que se conoce como la terciarización de la economía, en la que el sector servicios va ganando peso frente al industrial.

Los expertos señalan que no debemos asustarnos, la clave está en que las empresas que se queden sean capaces de rendir a buen nivel para cubrir el vacío junto a la aparición de nuevos servicios; pero también en qué tipo de servicios impulsa el país. “Hay servicios en los que entra a participar también la industria. Es lo que llamamos servoindustria”, dice Vizcaíno, como por ejemplo el mundo de las impresoras 3D, en el que entra en juego la propia fabricación del aparato. El temor es que el tipo de empleo y crecimiento que genera el creciente sector servicios sea extremadamente inestable y propicie un reparto de la riqueza que castigue especialmente a los trabajadores.

Es crucial así no tanto el reparto entre sectores dentro del PIB sino la composición de cada uno de ellos. “No hay que demonizar necesariamente el sector servicios. Hay que preguntarse si estamos caminando hacia un sector servicios en el que priman la poca especialización, escaso valor añadido y trabajadores que requieren poca formación o por el contrario a un sector servicios que incorpore la tecnología”, comenta Vizcaíno. En el primer caso, el modelo lleva aparejada la inestabilidad laboral y sus consecuencias, porque la riqueza que se genera es menor y la facilidad para sustituir a un trabajador por otro mayor. De ahí que el analista recomiende algo más que el turismo.

Innovación, reto digital y la excepción alemana

Al reto de la reconversión industrial le sigue hoy el de la digitalización. “Van a ser necesarios cambios muy profundos en la industria, una especial intensidad innovadora”, comenta Vizcaíno. La movilidad constante con nuevos competidores obliga a buscar nuevas formas de hacer. La exploración de mercados que no estén demasiado maduros puede ser una de las claves. Un mercado maduro es aquel en el que el nivel de conocimiento está ya muy extendido y cualquiera está en disposición de producir ese bien.

“Producir bienes sofisticados, en línea con el cambio tecnológico que estamos viendo” solicita el analista, porque generan un alto valor añadido. Es decir, una sola unidad producida hace crecer exponencialmente la riqueza del país en relación a una unidad de otro bien. Adaptarse al reto digital puede proporcionar importantes ventajas, llegar primero al mercado, por ejemplo.

Nuestro país es un excelente fabricante y exportador de coches y bienes intermedios, que son aquellos que se emplean para producir otro bien, el que compra el consumidor final. De manera que España exporta los mejores techos para coche del mercado, pero es Alemania quien los coloca en sus coches de alta gama y vende los vehículos más caros del mercado. La entrada de empresas de nuestro país en este entramado de producción ha supuesto un gran éxito, pero además, explican los expertos, debería acompañarse con nuestra participación en otros tramos, los de mayor valor.

De hecho, la industria ha bajado su participación en el PIB en Francia, Estados Unidos o Italia de forma progresiva en las últimas décadas. No necesariamente en perjuicio de los países afectados. En ese mismo tiempo los estados en los que la participación industrial en el PIB ha subido en lugares como Bhután o Bangladesh, precisamente a donde se deslocalizan las empresas que no precisan de trabajadores de gran formación. Pero como excepción también lo ha hecho en Alemania, donde adquieren pujanza sectores como la robótica.

“El secreto del modelo alemán, yo creo, está en una mejor gestión empresarial, en la que tiene más cabida una gestión a largo plazo que se permite apostar por la innovación. Se produce esa conexión con la ciencia al orientar la producción hacia un contenido tecnológico”. Mientras el mundo muta, la adaptación empieza a llamar a la puerta de nuestra industria. La ola proteccionista que abandera Trump, pero sobre todo la digitalización e innovación son los desafíos para las próximas décadas en las que habrá de dilucidarse si su pérdida de peso se traduce en músculo o en mera delgadez.

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